Escuchar, orar y amar
"¿Podemos hablar? El novio de mi hija abusó de ella. Quiero ayudarla y consolarla, pero no sé por dónde empezar."
Mi corazón se conmovió al escuchar a Melody.* Yo conocía la historia. Su hija adolescente, Ana, había acudido a mí en busca de consejería, y nuestra conversación era completamente confidencial. Sin embargo, todavía podía ayudar a Melody a enfrentar sus temores e inquietudes y enseñarle algunas formas sencillas de acompañar y apoyar a su hija.
Existen muchas formas de abuso
El abuso puede manifestarse de muchas maneras. Todo aquello que vulnera el sentido de seguridad y bienestar de una persona, haciéndola sentir miedo, dolor, tristeza o incluso vergüenza, puede considerarse una forma de abuso.
El abuso puede ser físico, cuando el cuerpo es agredido o lastimado. También puede ser emocional, cuando una persona es humillada, menospreciada, criticada constantemente, intimidada o cuando alguien intenta distorsionar su percepción de la realidad.
Existe además el abuso sexual, cuando una persona es obligada a participar en actos sexuales contra su voluntad.
El abuso económico ocurre cuando se le quita el dinero a alguien o se le impide cubrir sus necesidades básicas y las de quienes dependen de ella.
Por último, el abuso espiritual sucede cuando cualquiera de estas formas de abuso ocurre en un contexto religioso o cuando la Biblia y las enseñanzas espirituales son utilizadas para manipular, controlar o herir a las personas.
Todo aquello que vulnera el sentido de seguridad y bienestar de una persona, haciéndola sentir miedo, dolor, tristeza o incluso vergüenza, puede considerarse una forma de abuso.
¿Estás bien?
No todas las personas se sienten seguras para hablar del abuso que han sufrido, porque los agresores suelen amenazar a sus víctimas para mantenerlas en silencio.
Es posible que la persona se vuelva más reservada de lo habitual o deje de usar las redes sociales. Con frecuencia, el agresor procura aislarla de sus amigos y familiares.
Quien ha sufrido abuso puede dejar de asistir a la iglesia o comenzar a usar ropa de manga larga para ocultar los moretones. También puede mostrarse triste, evitar el contacto visual, no disponer de dinero suficiente para comprar alimentos o tener restricciones para salir de casa.
Si notas cambios importantes en la vida de alguien, acércate con discreción y pregúntale si está bien o si necesita ayuda.
Procura conversar en un lugar donde nadie pueda verlos ni escuchar la conversación. Si es necesario, escríbele una nota o busca una forma segura para que pueda comunicarse contigo.
Recuerda que el agresor podría revisar todos sus mensajes y correos electrónicos.
Escucha con atención
Escuchar historias de abuso y sufrimiento nunca es fácil. Naturalmente, preferimos no oírlas.
Sin embargo, estamos llamados a brindar una relación caracterizada por el amor, el apoyo y una escucha sincera.
Melody también necesitaba comprender que escuchar el relato de Ana podría afectarla emocionalmente. Por eso, mientras la acompañaba, sería importante que buscara serenidad mediante la oración y una respiración profunda y pausada (Santiago 1:19, 20; Efesios 4:29).
Habla sobre las consecuencias del abuso
Durante mucho tiempo se creyó que las personas necesitaban hablar detalladamente sobre el abuso sufrido para poder sanar.
Hoy sabemos que revivir constantemente esos recuerdos también puede resultar traumático.
En lugar de centrarse únicamente en lo ocurrido, Melody podía preguntarle a Ana cómo ese abuso había afectado su vida.
- ¿Qué actividades dejó de hacer que antes disfrutaba?
- ¿Qué hace ahora de manera diferente para sentirse segura o avanzar en su proceso de sanidad?
- ¿Cuáles son sus esperanzas para el futuro?
- ¿De qué manera podría Melody apoyarla mejor?
Mensajes que ayudan a sanar
Melody podía compartir con Ana palabras como estas:
"Te creo."
"Lo que te ocurrió estuvo mal."
"No fue tu culpa."
"Fuiste víctima de las malas decisiones de otra persona."
"Hiciste lo mejor que pudiste en circunstancias muy difíciles y peligrosas."
"Fuiste valiente y tomaste decisiones que evitaron que el daño fuera aún mayor."
"Me importas."
"Lamento profundamente todo lo que has vivido."
"A Dios también le duele lo que te ocurrió."
"Eres su hija amada y preciosa."
"Él permanece a tu lado y conoce cada una de tus lágrimas."
"Quiere consolarte y ayudarte a sentirte segura y amada." (1 Juan 4:18)
¿Cómo puedes ayudar?
Cuando una persona ha vivido una experiencia de abuso, es importante permitirle participar en las decisiones sobre la manera en que desea recibir ayuda.
Ana quizá se sienta quebrantada y sin fuerzas. Darle la oportunidad de decidir le ayudará a recuperar su capacidad de elegir y le recordará que su opinión sigue siendo valiosa.
Si no sabe exactamente qué necesita, su mamá puede ofrecerle distintas opciones y permitir que ella elija la que considere más adecuada.
Melody puede preguntarle simplemente: "¿Qué puedo hacer para ayudarte?"
También puede:
- escribir una oración de consuelo para que Ana la lea;
- ayudarla a acceder a apoyo médico, legal y psicológico;
- protegerla de nuevos episodios de abuso;
- planificar momentos agradables que le devuelvan esperanza y le recuerden cuánto vale y cuánto es amada.
Una canasta de consuelo
Si conoces a alguien que ha sufrido abuso, prepara una canasta con pequeños detalles que transmitan amor, cuidado y esperanza.
Por ejemplo:
- un libro devocional inspirador;
- una crema para las manos;
- una oración escrita a mano;
- algunos de sus dulces o bocadillos favoritos;
- actividades creativas, como tarjetas para colorear con versículos bíblicos;
Sentados en el regazo de Dios
Melody puede ayudar a Ana a recordar que Dios la ama profundamente. El abuso no ocurrió porque Dios quisiera castigarla ni porque hubiera dejado de cuidar de ella.
Cuando sufrimos, Dios también sufre con nosotros. Él ve cada lágrima y sana a quienes tienen el corazón quebrantado (2 Corintios 1:3, 4; Salmo 56:8; Salmo 147:3). Melody puede invitar a Ana a imaginar que está sentada en el regazo amoroso del Padre, recibiendo un fuerte abrazo
Puede imaginar a Dios sosteniéndola entre Sus brazos, acariciando su cabello, llorando con ella y secando sus lágrimas.
Entonces preguntarle: "¿Qué crees que tu Padre celestial te diría para consolarte en este momento de tanto dolor?"
Volver a encontrar la alegría
Como parte del proceso de sanidad, Melody puede animar a Ana a hacer una lista de 100 cosas que le producen alegría y ayudarla a disfrutar tantas de ellas como sea posible. También pueden compartir, cada día, tres cosas buenas que hayan sucedido y agradecer a Dios por ellas.
Otra hermosa idea es realizar juntas actos de bondad en favor de otras personas, porque servir a los demás también contribuye a sanar nuestro dolor y nuestra tristeza.
No todos somos terapeutas o consejeros.
Pero todos podemos estar presentes en la vida de personas como Ana, escuchándolas con amor, orando por ellas y ayudándolas a recuperar la alegría, la esperanza y la confianza en los brazos seguros de su amoroso Padre celestial.
* Todos los nombres y las circunstancias fueron modificados para proteger la confidencialidad.
Karen Holford es terapeuta familiar y ha acompañado a muchas personas en su camino desde el dolor del abuso hacia la restauración y la esperanza. Actualmente se desempeña como directora departamental de la División Transeuropea.




