Una vida elevada es aquella que está vacía de sí misma y llena del Espíritu Santo. Es una vida que desarrolla el fruto del Espíritu: amor, alegría, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. El fruto del Espíritu no solo nos transforma, sino que impacta a todos los que nos rodean: en el hogar, en el trabajo, en la iglesia y en la comunidad. De esta experiencia de transformación trata la Semana de Evangelismo Femenino, que este año lleva por título Vida que Eleva.
Es tiempo de permitir que el Espíritu Santo nos moldee por dentro, de dejar atrás las ataduras para correr con ligereza, propósito y gracia, viviendo para testificar que el Cielo es nuestra dirección. Que el Espíritu Santo hable poderosamente en cada encuentro de esta semana, y que los invitados en todas partes sean inspirados y acepten vivir con Dios, una vida que eleva.
“No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.”
Romanos 12:2