Una Vida Rescatada
“Instruye al niño en su camino, y ni aun de viejo se apartará de él” (Proverbios 22:6).
“Instruye al niño en su camino, y ni aun de viejo se apartará de él” (Proverbios 22:6).
A los 15 años Rogerio se juntó con malas compañías, salió de la iglesia y comenzó a usar dro-gas, como marihuana, cocaína y pasta base. Varias veces trató de regresar a la iglesia, pero sus intentos fueron frustrados, pues no encontraba fuerzas para permanecer firme. Muchas veces el cigarro y las bebidas fueron factores determinantes para su fracaso. Rogerio permaneció 15 largos años lejos de la presencia de Dios, pero había alguien que no dejaba de orar por él, su madre creía en el poder de lo alto, y constantemente intercedía por su hijo.
Rogerio trabaja como ayudante de albañil. En esos años lejos del Señor intentó otras actividades. Abrió un bar donde vendía bebidas alcohólicas, cigarrillos y otras sustancias nocivas para la salud. Fue en ese ambiente que aprendió a beber todos los días y siempre dormía embriagado. Como consecuencia de esa vida desordenada, pasó muchas necesidades, a veces no tenía qué comer. Rogerio tenía una apariencia muy particular, sus cabellos y barba eran largos y usaba brazaletes y aretes.
Después de una serie de evangelismo en la iglesia de Paranoá, se realizó el Seminario de Enri-quecimiento Espiritual. Su madre lo invitó a asistir al lanzamiento hecho por el Pr. Ibson; él aceptó y ambos fueron a la iglesia. Después de la presentación del seminario, su madre lo desafió a hacer junto con ella esos días de oración y estudio; Rogerio rechazó alegando no tener dinero para comprar el material. Fue llevado ante la presencia del Pr. Ibson quién le obsequió el material, con el compromiso de que asistiera al seminario todos los días. Rogerio fue a su casa y comenzó su caminata rumbo a la transformación de su vida.
En su pequeña casa, la madre y él hacían la jornada en lugares diferentes. Después de algunos días de estar ante la presencia de Dios en la primera hora de la mañana, él salió de su casa para trabajar con una decisión firme en su corazón. Trabajó normalmente y al finalizar el día le dijo a su jefe que no trabajaría más los sábados y que los viernes, solo trabajaría hasta las 6 de la tarde. Ese día, al recibir su sueldo, fue hasta una peluquería y según él, con lágrimas en los ojos, cortó su cabello y la barba que tanto le gustaba. Un hombre nuevo estaba naciendo. Al llegar a su casa, abrió la puerta y su hermana gritó a su madre ¡un hombre extraño está entrando!”, entonces él gritó: “¡Qué hombre extraño, ni hombre extraño, soy yo, Rogerio, un hombre transformado!”
Su jornada continuaba y muchas veces las emociones afloraban haciéndolo llorar mucho mien-tras leía el tema del día. La fuerza que él necesitaba para volver a la iglesia la encontró allí, de madrugada, entre él y Dios. Con esa fuerza adquirida, nunca más dejó de asistir a la iglesia. El sábado por la mañana, asistió al culto y tomó la decisión más importante de su vida. Se miró así mismo y dijo que se bautizaría para honra y gloria de Dios.
Conducido por el Espíritu Santo, un mes después de concluida la jornada, Rogerio entró a las aguas bautismales. En el transcurso de la jornada hizo una oración especial al Señor, le pidió una compañera que lo ayudase en su caminar cristiano. Las bendiciones fueron completas, después de bautizarse, se casó con la señorita Concileudes, y ahora tienen una linda hija, Ana Carolina.
Hoy, por la gracia de Dios, el nuevo Rogerio es un líder en la iglesia, ya fue diácono, director del Ministerio de Hogar y Familia, director de grupo y anciano de la iglesia central de Paranoá. Ro-gerio dice que a pesar de las dificultades de la vida, nunca le faltó nada, pues el Señor lo ha mantenido con su mano poderosa. Con confianza espera ansiosamente el regreso de Jesús.
Rogerio Lima da Silva Ribeiro
Iglesia de Paranoá, DF
Unión Centro-Oeste Brasileña