Una señal de obediencia
Dichoso el hombre que hace esto, el hombre que se aferra a ello, que guarda el sábado sin profanarlo, y se guarda de hacer todo mal.Isaías 56:2 Recuerdo un cumpleaños en mi adolescencia. Era viernes, muy temprano por la mañana le dije a mi padre: “voy a aprovechar este día ya que estoy de vacaciones”. […]

Dichoso el hombre que hace esto, el hombre que se aferra a ello, que guarda el sábado sin profanarlo, y se guarda de hacer todo mal.Isaías 56:2
Recuerdo un cumpleaños en mi adolescencia. Era viernes, muy temprano por la mañana le dije a mi padre: “voy a aprovechar este día ya que estoy de vacaciones”. Pasaron las horas y recibí una llamada de un amigo que me invitaba a jugar al fútbol; y claro, como todo adolescente estaba muy entusiasmado; además, era mi cumpleaños. Le pedí permiso a mi padre, y él me lo negó. Las palabras de mi padre fueron “No vayas… es viernes, día de preparación y debes estar aquí en casa temprano; si vas, se hará tarde y vas a desobedecer a Dios”.
Entonces salí muy enojado de casa pues pensé que lo que me dijo era una exageración. La hora de salida era a las tres de la tarde. Desde donde estábamos, debíamos tomar un bus que nos llevaría hasta el lugar del juego. El viaje duró una hora, allí nos reunimos varios amigos y empezamos a jugar. Entré a la cancha, y apenas toqué la pelota, tuve un golpe extremadamente fuerte que me dejó casi sin poder estar en pie. Nuestras rodillas chocaron y caímos al piso con un compañero, el más afectado fui yo. En ese momento los demás me ayudaron a pararme. Y entonces, las palabras de mi padre surgieron en mi cabeza “No vayas”. El juego había empezado prácticamente en los últimos minutos que el sol se estaba poniendo. Ese dolor y molestia lo tuve durante seis meses y aún recuerdo el golpe como si fuese ayer.
Cuán importante es la obediencia; si escucháramos la voz de Dios cada día y obedeciéramos su Palabra, nuestra vida sería distinta. A veces, actuamos como adolescentes en la obediencia a Dios, y cuando él nos habla queremos hacer nuestra voluntad.
Muchas veces, como cristianos, somos desobedientes al mandato bíblico. Sabemos que el sábado es día del Señor, un día especial y apartado para Dios, en él debemos darle la gloria y honra. A veces, nos olvidamos de cuán importante es ser obedientes a los principios. El sábado es un día de esperanza, pues dichoso es el hombre que guarda el día sábado sin profanarlo.
Que este día sea un día de preparación para recibir el santo sábado como se debe y para recordar que hay un Dios a quien debemos obediencia, que el quiere lo mejor para nosotros y que desea llenarnos de sabiduría.
Pablo Valverde
Unión Ecuatoriana