No temas
Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mateo 5:16. Suzilene decidió ingresar en la facultad de Pedagogía en Sao Paulo, Brasil. Pero justamente el año en que hizo su matrícula, el curso pasó del período diurno al nocturno, […]

Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mateo 5:16.
Suzilene decidió ingresar en la facultad de Pedagogía en Sao Paulo, Brasil. Pero justamente el año en que hizo su matrícula, el curso pasó del período diurno al nocturno, lo que le trajo problemas con los viernes de noche. Cinco de sus colegas de clase también eran adventistas. Tres de ellas optaron por hacer el curso en otra institución, pero Suzilene prefirió continuar pues la facultad estaba cerca de su casa.
La estudiante intentó negociar las clases del viernes con la coordinadora del curso, sin tener éxito. Posteriormente abrieron un proceso interno, pero la respuesta continuó negativa.
En el segundo semestre, las complicaciones aumentaron para Suzilene y sus dos compañeras. Aunque había obtenido notas altas, Suzy fue reprobada en algunas disciplinas, debido a sus faltas. Tuvo que recursarlas y pagar nuevamente.
Algunos de los profesores las interrogaron por ser cristianas. “Tenemos que admitir que ustedes son excelentes alumnas; el único defecto es que son adventistas”, dijeron. Cierta vez, un maestro en Filosofía preguntó en la sala quién seguía a la “pastora” Elena de White, y expresó que sus escritos eran un plagio. Suzy argumentó sobre la autenticidad de los libros y sus compañeros la respetaron.
Con el paso del tiempo, sus compañeras adventistas también resolvieron cambiarse de curso. A pesar de todo Suzy continuó firme, porque creía que Dios no la abandonaría y tenía un propósito para todo lo que le sucedía.
Durante todo el curso, ella escuchó frases de desánimo de sus colegas y profesores. El último semestre, el profesor que más la importunaba le aconsejó que conversara con la coordinadora del curso, pues sus clases en el semestre continuarían los viernes. Debido al testimonio de Suzy, la coordinadora cambió las clases para los miércoles.
Suzy distribuyó veinte ejemplares del libro La gran esperanza entre los compañeros de clase, los que reconocieron su fidelidad al Dios vivo.
Al final del curso, dos jóvenes aceptaron a Jesús y fueron bautizadas. “Sé que Dios me usó de alguna forma para alcanzarlas”, relata Suzy.
Suzilene Miranda Barbosa
Unión Central Brasileña