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¿Se Volvieron Locos?

“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”. 1 Corintios 1:18


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“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”. 1 Corintios 1:18

El salmista David se admiraba de las maravillas de Dios en su vida y en su pueblo. Dice el Salmo 139:16, 17: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!

Cuando buscamos a Dios en la primera hora de cada mañana, descubrimos cuán cercana es la presencia de Dios como nuestro Padre y su amor, que se derrama cada día sobre nosotros. Buscar a Dios en la primera hora del día es la actividad más reconfortante, la que nos guiará a lo largo del día, la que nos permitirá mantenernos en el camino correcto que lleva al cielo.

La experiencia de Sandra se repite y se repite a lo largo de la experiencia de aquellos que disfrutan en la presencia de Dios, estudiando la Biblia y orando.

Realicé el Seminario de Enriquecimiento Espiritual hace aproximadamente dos años, gracias a Anita, una hermana de iglesia que me comentó sobre ellos.

Comencé a tomar el hábito de todas las mañanas orar, leer y orar. Pronto llegó el momento en el que tenía que elegir a cinco personas por las cuales orar.

Ya había estado orando por mi familia, pero de manera especial, decidí hacerlo por mis hijos, Pablo y Renzo y también por mis vecinos; Argentina y Juan.

Continué todas las mañanas entregando mi vida a Dios, le abrí mi corazón a Él como a un amigo y comencé a experimentar grandes cambios.

Mi hijo, Renzo, al principio no quería saber nada, yo buscaba textos bíblicos para compartirlos, pero él no manifestaba interés. Decía: “ya voy a ir”; “después”. Hasta que llegó la carpa con un ciclo de evangelización y se animó. Comenzó a asistir, le gustó mucho y dejó sus malas compañías, las cuales se admiran de su cambio y decían: “¿Qué pasó, Renzo se volvió loco?”.

Sin duda alguna, Dios seguía respondiendo mis oraciones, yo seguía orando por mis vecinos e invitándolos, a través, de su nieta Vicky, que asistía a la escuela sabática de niños.

Sábado a sábado le decía: “Invita a tus abuelos”. Cierto día los encontré en un colectivo y les conté e invité nuevamente, pero ellos respondieron “algún día vamos a ir”. Finalmente, ese día llegó cuando la carpa estuvo en su ciudad.

Lo que parecía imposible para mí, Dios lo hizo una realidad. Hoy, Renzo, Argentina y Juan están bautizados.

Sandra, Iglesia de Chichinales, Río Negro.
Asociación Argentina del Sur. Unión Argentina.

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