Mayordomía Cristiana

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Probada al extremo - 2

De las grandes pruebas que vieron tus ojos, y de las señales y milagros, y de la mano poderosa y el brazo extendido con que Jehová tu Dios te sacó; así hará Jehová tu Dios con todos los pueblos de cuya presencia tú temieres. Deuteronomio 7:19. El mes de mayo estaba finalizando y no recibíamos […]


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De las grandes pruebas que vieron tus ojos, y de las señales y milagros, y de la mano poderosa y el brazo extendido con que Jehová tu Dios te sacó; así hará Jehová tu Dios con todos los pueblos de cuya presencia tú temieres. Deuteronomio 7:19.

El mes de mayo estaba finalizando y no recibíamos noticias del esperado milagro. La residencia comenzaría a principios de junio. Yo pensaba: “Si Dios me quiere llevar al límite, resolverá el problema en los últimos momentos”. Casi al final del mes, mi esposo fue al hospital a donar sangre. Mientras le sacaban sangre, el jefe de hemoterapia, quien pertenece a nuestra iglesia, le dijo: “¿Sabes cómo sigue el caso de tu esposa?” “No”, respondió mi esposo. Entonces el doctor le comentó cómo el hospital estaba dividido respecto al tema. “Hay gente importante que la está defendiendo”, agregó. Cuando mi esposo me contó, yo no lo podía creer. “Dios está peleando su batalla”, le contesté.
Dos días antes del inicio de la residencia recibí una llamada telefónica citándome al hospital para una entrevista en el departamento de docencia. Me pidieron disculpas por lo sucedido y me dijeron que como yo no había presentado la nota, lo hicieron ellos por mí.
“Al cambiar tu calificación cambió también tu lugar en la tabla de posiciones, así que podrías ingresar a la residencia, pero ya habíamos adjudicado el cargo (aspecto legalmente serio). Así que, elevamos una petición al Ministerio de Salud (de quien depende la residencia) para que pudiéramos abrir un cupo más en la residencia. Después de varias semanas recibimos una respuesta afirmativa. Se cambió el acta de ingreso donde dice que entras en segundo lugar, no en tercero; así que queremos saber si aceptas el puesto”.
Me sentí pequeña ante un Dios tan poderoso, pero tan cercano. Había realizado todo un “operativo” defendiendo su nombre en primer lugar, y actuando en favor de una hija pequeña que luchaba por serle fiel. Lo que experimenté es algo que solamente el que lo ha pasado lo puede entender. La persona que había sido ruda conmigo en la entrevista renunció a su puesto. Estoy en mi tercer año de residencia, y hasta el día de hoy, no he trabajado absolutamente ningún sábado.

Anónimo
Unión Argentina

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