Poniendo A Dios A Prueba
“Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre. Porque ¿quién soy yo y quién es mi pueblo, para que pudiéramos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos” (1° Crónicas 29:13, 14). En 1994 me casé, pero no tenía casa y tuve que […]
“Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre. Porque ¿quién soy yo y quién es mi pueblo, para que pudiéramos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos” (1° Crónicas 29:13, 14).
En 1994 me casé, pero no tenía casa y tuve que vivir con mis padres. Al principio fue difícil, pasé algunas dificultades, sobre todo cuando nació mi primer hijo con parálisis cerebral. Trabajaba con mi padre en el auto, o alquilaba algún auto de mis amigos para trabajar. Oraba a Dios para que me diera una casa y un auto para poder atender las necesidades de mi familia. Trabajaba día y noche, y a pesar de las dificultades, devolvía fielmente el diezmo, excepto cuando mi hijo necesitaba, en esas ocasiones yo tomaba el diezmo para comprar medicinas, con el plan de reponerlo después. Mi sueño de tener una casa y un carro me parecía imposible, pero no para Dios.
En una semana de mayordomía realizada en mi iglesia con el Pr. Roberval Marinho, aprendí mucho sobre el diezmo y el pacto, eso me abrió los ojos. Le dije a Dios que si me ayudaba con el auto y la casa devolvería el diezmo correctamente, pues aprendí que no debemos tocar lo que es de Dios, el diezmo, ni para comprar medicinas. En ese tiempo mi hijo pasaba enfermo. Prometí que además del diezmo, daría un 3% de pacto.
Comencé a juntar dinero y logré ahorrar US$ 500. Un amigo taxista me dijo que había un auto a la venta, y había oído una voz diciéndole que debía avisarle a su hermano. Así me enteré y fui a conversar con el dueño del auto, pero él me dijo que otras personas también estaban interesadas y quién llegase primero, se lo llevaría. Le dije que yo tenía el dinero, entonces él me dijo que solo lo vendería si le daba una cuota inicial. Intenté pedirle prestado dinero a un hermano, pero no quiso prestarme, pues muchas personas ya lo habían engañado. Me fui a casa triste y lo encomendé en las manos de Dios.
Al otro día, muy temprano, el hermano me trajo el dinero, pues no había podido dormir escuchando una voz que le decía que debía prestarme ese dinero. Compré el auto, lo pagué en cuotas y después aumenté mi ofrenda a un 5%. Enfrenté dificultades con el auto, pero Dios siempre resolvía todo. También quería tener un permiso para trabajar como taxista, pero el hombre que me vendió el auto, no quería venderme el permiso, sin embargo, un día me llamó a su casa y me dijo que iba a venderme el permiso, porque todas las noches su esposa le decía que debía vender ese permiso. Su sorpresa era que ella nunca había opinado sobre sus negocios.
En ese mismo tiempo, recibí de obsequio un terreno de mi suegra y construimos nuestra casa. Vendí el auto y compré otro mejor y aumenté mi pacto al 10%. Después de un tiempo, cambié mi casa a una mejor, además, vendí el segundo carro que compré por uno nuevo (0 km, mi licencia fue aprobada). Agradezco a Dios por todas las bendiciones que él me concedió. Mi hijo que es especial, difícilmente se enferma. Hoy devuelvo el 15% de mis entradas como ofrenda y estoy convencido que vale la pena ser fiel a ese maravilloso Dios.
Messias Alexandre da Silva Sanches
Iglesia Jutaí, PA
Unión Norte Brasileña