Las vacaciones de sus sueños
Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Filipenses 4:19. Marcilio y Rosa se casaron en 1996. Siempre trabajaron con un comercio y por eso se les hacía difícil salir de vacaciones. Cada vez que planeaban visitar a la familia de Marcilio en Manaos, el […]

Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Filipenses 4:19.
Marcilio y Rosa se casaron en 1996. Siempre trabajaron con un comercio y por eso se les hacía difícil salir de vacaciones. Cada vez que planeaban visitar a la familia de Marcilio en Manaos, el presupuesto no se los permitía. Pasaron diez años y el matrimonio no había podido tener las soñadas vacaciones para ver a la familia.
Motivados por la nostalgia hicieron un pacto de adoración a Dios. Si ese año lograban viajar a Manaos, en gratitud a Dios aumentarían las ofrendas que estaban entregando destinadas al terreno donde se construiría la iglesia local. Con mucho esfuerzo compraron los pasajes.
Cierto sábado de aquel año, al preparar su ofrenda, enfrentaron un desafío. Si cumplían con el pacto que habían hecho con Dios, quedarían sin dinero para los gastos del viaje. En realidad, solo habían comprado los pasajes de ida. Aún así decidieron ser fieles, y entregaron a Dios la cantidad que habían prometido.
Al iniciar el viaje el matrimonio tenía muy poco dinero en mano. Pero ellos sabían que Dios demostraría su amor en los mínimos detalles.
Cuando llegaron, la alegría fue inmensa. Sus familiares todavía no conocían a la esposa ni al hijo de Marcilio, que ya tenía siete años.
Desde el comienzo Dios comenzó a actuar. Uno de los parientes insistió que Rosa aceptara un dinero que le entregó como regalo porque estaba muy feliz de conocerla. Tres días después, el matrimonio fue al banco a solicitar un extracto de la cuenta y encontraron un depósito que había hecho la empresa donde Rosa trabajaba. El valor era en relación al sueldo y para su sorpresa incluía una buena comisión. Con la cantidad que recibieron compraron los pasajes de vuelta, y además, viajaron hasta Porto Velho, en barco, para visitar a una hermana.
Rosa retomó sus actividades en la empresa, y en seguida, el primer día, la llamaron a la sala de Recursos Humanos. Preocupada en cuanto al dinero que había recibido, pensó que tendría que devolverlo de alguna forma. Sin embargo, la noticia fue diferente. Le informaron que había otra suma de un bono disponible en su cuenta.
Marcilio y Rosa Aparecida Benedito
Unión Centro Oeste Brasileña