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Fidelidad en la observancia del sábado

La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto. Proverbos 4:18. Esa fue precisamente la experiencia de Juan. No conoció ni aceptó todo de una vez, sino poco a poco. Desde muy joven, Juan se ganó la vida con el esfuerzo de […]


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La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto. Proverbos 4:18.

Esa fue precisamente la experiencia de Juan. No conoció ni aceptó todo de una vez, sino poco a poco.
Desde muy joven, Juan se ganó la vida con el esfuerzo de su trabajo honesto y dedicado. Trabajaba en una fábrica de carburo cuando comenzó a conocer la Biblia y la Iglesia. Fue profundizando en el estudio y el conocimiento de la voluntad de Dios, y para su sorpresa, se dio cuenta de que el sábado tenía un distintivo especial: fue santificado por Dios. En ese momento, trabajaba los sábados hasta el mediodía.
Por mucho tiempo asistía a la iglesia en los momentos en que no trabajaba pero no estaba tranquilo. Le costaba entender que no se pudiera dedicar otro día a Dios sino solo el sábado. Pero continuó estudiando.
Finalmente, decidió hacer la voluntad de Dios. Aceptó el sábado, y decidió avanzar aunque con cierto temor. Solicitó una entrevista con el jefe de la fábrica para pedirle el sábado libre. El jefe no le concedió el pedido y le ofreció más dinero para que permaneciera en ese trabajo. Fue difícil, pero él no aceptó el ofrecimiento, y renunció.
Ya en su casa, y sin trabajo, oró a Dios con todo fervor: "Si el sábado es tu día como dice la Biblia, dame un trabajo en el que pueda guardarlo".
Poco tiempo después pasó un hombre por su casa; éste era conocido porque no le agradaba el trabajo de nadie, y le dijo a Juan: “¿Estás trabajando?” “No”, respondió. “Entonces, dame la fotocopia de tu documento que en la Municipalidad están admitiendo pasantes”.
Así que se presentó, recibió el trabajo y lo enviaron a trabajar al cementerio, de lunes a viernes.
Pasó el tiempo, y el dueño de la fábrica donde había estado trabajando antes, vino a buscarlo, y le dijo: "Te doy libre el día que quieras, pero regresa porque no encuentro un empleado tan fiel como tú".

Juan Díaz
Unión Argentina

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