Fidelidad antes que estabilidad
No serán avergonzados en el mal tiempo, y en los días de hambre serán saciados. Salmos 37:19. El hermano Gerardo es miembro de la Iglesia Adventista del 7° Día en el poblado de la Curva de la Provincia de Mollendo, Arequipa. Actualmente es Director de Mayordomía Cristiana y su esposa es directora de Ministerio Personal. […]
No serán avergonzados en el mal tiempo, y en los días de hambre serán saciados. Salmos 37:19.
El hermano Gerardo es miembro de la Iglesia Adventista del 7° Día en el poblado de la Curva de la Provincia de Mollendo, Arequipa. Actualmente es Director de Mayordomía Cristiana y su esposa es directora de Ministerio Personal. Él nos comparte su experiencia de trabajar con un ingeniero que no creía en Dios.
La primera semana de trabajo fue decisiva. Después de presentar su caso a Dios en oración, se dirigió con serenidad a su oficina para solicitarle el sábado libre por ser adventista. El ingeniero escuchó atentamente su petición y consintió darle el día de descanso solicitado con la condición de que su sueldo bajaría por las horas no trabajadas. El hermano Gerardo no objetó la disminución de su sueldo pues creía firmemente que Dios proveería para sus necesidades. Después de que el ingeniero le hiciera algunas preguntas sobre sus hijos y sus estudios, le prometió que si le proporcionaba algún documento de la universidad donde certificaba que sus hijos estudiaban allí, le subiría el sueldo.
Gerardo tuvo una grata sorpresa los meses siguientes. Estaba recibiendo el 30% más del sueldo que recibían sus demás compañeros. Así pudo pagar con más tranquilidad las pensiones de educación de sus hijos en la Universidad Peruana Unión, donde estudiaban. Agradeció al Señor por ello. Sin embargo, vinieron días de prueba, pues durante la primera semana de noviembre, la demanda de obras creció y fue necesario que todos trabajasen horas extras, sin descanso. Esta vez, el jefe de obras de la empresa de construcción; el mismo que se burlaba de él por causa del sábado, le había comunicado que sería despedido si faltaba el día que más se lo necesitaba para trabajar: el sábado. Y así ocurrió, fue despedido y quedó sin trabajo, y sin estabilidad.
En medio de toda esta crisis Gerardo dejó todo en las manos de Dios. A pesar de quedar sin empleo; Dios no dejó de bendecirlo. Dios permitió que consiguiera trabajos pequeños; pero que servían para sustentar a su familia. Además, su hija mayor, Nohemí, logró graduarse de Ingeniera Civil el año pasado, en la primera promoción de la UPeU, con sede en Chulunquiani; y se graduó como una de las mejores estudiantes dentro de su facultad. Después de graduarse, Dios la bendijo con un trabajo en el Consejo Municipal del Valle; en el cual pudo comenzar ganando un buen sueldo.
Gerardo Mollendo
Unión Peruana del Sur