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Fidelidad Al Extremo

“Encomienda a Jehová tu camino, confía en él y él hará” (Salmo 37:5). Junto con mi hijo Fábio pertenecíamos a la iglesia pentecostal; cuando conocimos el mensaje adventista a través de un programa de radio presentado por el hermano Netanías. Ese mismo año, 2009, después de una serie de estudios bíblicos, fuimos bautizados en la […]


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“Encomienda a Jehová tu camino, confía en él y él hará” (Salmo 37:5).

Junto con mi hijo Fábio pertenecíamos a la iglesia pentecostal; cuando conocimos el mensaje adventista a través de un programa de radio presentado por el hermano Netanías. Ese mismo año, 2009, después de una serie de estudios bíblicos, fuimos bautizados en la iglesia de Araticum, en Barra do Corda, Marañón.

Ese año, después de la muerte de mi esposo, la vida para nosotros fue muy difícil, pues quedamos sin ningún ingreso. Como viuda, tenía la esperanza de conseguir la pensión de mi esposo, pero durante años lo intenté sin ningún resultado. Finalmente tuve una audiencia con el juez para analizar mi pedido. Después de ser postergada varias veces, finalmente, la audiencia fue confirmada para el sábado 14 de mayo.

Una vez más mi fe fue probada y busqué orientación en los hermanos, que me dijeron que debería orar y tomar mi propia decisión. Después de orar a Dios, decidí en mi corazón no atender la audiencia ese sábado. Entré en contacto con el abogado y le dije que no iría, pues era Adventista del Séptimo Día y no podía transgredir el sábado del Señor.

Con cierta ironía, el abogado me dijo: “Entonces usted no está necesitando de ese dinero, si no, vendría. Es sólo media hora señora y usted obtendrá la jubilación, después, usted ya puede ir y guardar el resto del sábado”. Respondí que necesitaba mucho de ese dinero, pero no iba a desobedecer a Dios. El abogado terminó la conversación diciéndome que sería imposible solicitar otra audiencia en otra fecha.

Me mantuve firme en mi decisión de permanecer fiel a Dios. Oré otra vez e hice un pacto con Dios diciéndole, que si él me ayudaba a cambiar la fecha de la audiencia y consiguiese esa jubilación, además del diezmo y la ofrenda, entregaría todos los meses un 5% de pacto.

El día jueves que antecedía a la audiencia algo sucedió: dos hombres llegaron a mi puerta y preguntaron si yo era Francisca y si era Adventista del Séptimo Día, respondí que sí, entonces ellos dijeron: “Arregle sus cosas, usted debe viajar hoy mismo para San Luis, pues la audiencia que sería el sábado fue cambiada para el viernes”. No podía creerlo, Dios estaba recompensando mi fidelidad y después de la audiencia, el juez dijo: “Señora, usted está jubilada”.

Por este testimonio, una de mis amigas fue bautizada. Espero que a través de este milagro que Dios hizo en mi vida, nuestros hermanos puedan descubrir cada vez más que vale la pena ser fiel a Dios.

Francisca Ferreira de Souza
Iglesia Araticum, MA
Unión Norte Brasileña.

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