El Socio Mayoritario
“La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella” (Proverbios 10:22). Desde que me casé, en 1965, aprendimos con mi esposa la importancia de la fidelidad a Dios. Ella, como una mujer fiel al diezmo, daba el ejemplo siguiendo los principios de la mayordomía en la Iglesia Adventista del Séptimo […]
“La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella” (Proverbios 10:22).
Desde que me casé, en 1965, aprendimos con mi esposa la importancia de la fidelidad a Dios. Ella, como una mujer fiel al diezmo, daba el ejemplo siguiendo los principios de la mayordomía en la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Sufríamos con el hecho de que nuestro pastor solo venía a recoger el diezmo y se retiraba. También nos entristecíamos por ser pocos miembros y no tener motivación para el crecimiento espiritual. Paulatinamente fuimos abandonando la antigua iglesia.
Ese tiempo dejé de ser fiel, y las cosas que ya no estaban tan buenas, comenzaron a empeorar. Hice algunos barcos con el fin de cerrar un negocio con el banco que los iba a comprar, pero no resultó. Viajé a Sao Paulo con el fin de comprar cosas para vender, pero en una ocasión, el vendedor había vendido las mercaderías a precios inferiores a las que yo pagué, de esta manera mi capital fue disminuyendo.
Un día, caminando por las calles de Bragança, conocí una iglesia Adventista del Séptimo Día, entré, escuché el culto y me gustó. En ese día el predicador habló sobre la fidelidad y su sermón conmovió profundamente mi corazón. Al llegar a casa conversé con mi esposa sobre la iglesia que había encontrado y la invité a que me acompañara, y aún más, la invité a que volviéramos a ser fieles a Dios, y ella aceptó.
Pocos días después, hojeando un cuaderno viejo, encontré una cantidad considerable de dinero y le dije a mi esposa, este dinero lo daremos a Dios. A partir de entonces decidimos ser fieles en la iglesia verdadera de Dios.
Hoy, cuento a todos los que me preguntan sobre el éxito en mis negocios (tres empresas en sociedad con mi esposa, mis hijos, que también tienen un socio: Jesús), que mi secreto es: “tener un Socio”.
El consejo fue tan importante, que un día presenté a mi Socio a un hermano que estaba viviendo miserablemente, pero no por la condición financiera, sino por el egoísmo de no tener un Socio. El Socio le resultó fiel también a él.
José Rodrigues
Iglesia Aldeia, PA
Unión Norte Brasileña.