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El milagro de la heladera

De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza […].Salmo 8:2. Diego era miembro de la Iglesia Adventista y le gustaba colaborar con la obra de Dios. Fue llamado para un evento de capacitación en el Instituto Adventista Paranaense (IAP), sin saber de qué se trataba. Sorprendido con el llamado […]


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De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza […].Salmo 8:2.

Diego era miembro de la Iglesia Adventista y le gustaba colaborar con la obra de Dios. Fue llamado para un evento de capacitación en el Instituto Adventista Paranaense (IAP), sin saber de qué se trataba. Sorprendido con el llamado para ser financieramente responsable ante Dios, tomó la decisión de ser fiel.
Comenzó a servir a Dios con su familia como obrero bíblico de la iglesia. Cierta vez, después de retornar de un viaje, sintieron un olor muy fuerte que llenaba la casa. Buscaron por todas partes pero no encontraron el lugar de donde venía el mal olor.
Pasaron el día siguiente nuevamente fuera de la casa y, cuando volvieron, el mal olor estaba todavía más fuerte. Diego solo fue a notar de qué se trataba cuando abrió la heladera. El electrodoméstico estaba conectado a la corriente y su lámpara interna funcionaba normalmente, sin embargo no refrigeraba los alimentos.
Por un momento Diego y su esposa quedaron preocupados. No tenían dinero para arreglar la heladera, y mucho menos para compar una nueva. En el mismo instante, Diego recibió una llamada de su padre, y al contarle lo sucedido, él lo animó: “Hijo, tú estás ahí porque entregaste tu vida en las manos de Dios. Entrega ese problema en sus manos también, él dará una solución”.
Más tranquilos, Diego, su esposa y su hijita se sentaron al lado de la heladera y comenzaron a orar. Cuando terminaron de hablar con Dios, la esposa salió, pero Diego continuó allí con la mano apoyada en la heladera, pensando qué podría hacer.
Su hija, de solo dos años, se acercó y le preguntó al padre que hacía. “Estoy hablando con nuestro Papá del cielo, hijita”. Sin dudar, la hijita dijo: “El Papá del cielo escucha a mi papá”.
En los minutos siguientes, Diego oyó un pequeño chasquido procedente de la heladera. Para su sorpresa y para la gloria de Dios, ella volvió a funcionar en el mismo instante. ‘Hoy hace más de un año que la heladera funciona normalmente. En ningún momento tuve que llevarla a arreglar. El poder de Dios es grande, y ese día pude ver que en la simplicidad de un niño está el verdadero significado del amor y de la fe en Dios”, afirmó Diego.

Diego da Silva Marques
Unión Sur Brasileña

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