Mayordomía Cristiana

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El Límite De La Fe

“[…] Probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, a ver si no os abro las ventanas de los cielos y derramo sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10). Transcurría el año 2006 y ya eran casi tres años que estaba cesante. Sólo hacía trabajos ocasionales. Finalmente entré a trabajar como cobrador y […]


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“[…] Probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, a ver si no os abro las ventanas de los cielos y derramo sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10).

Transcurría el año 2006 y ya eran casi tres años que estaba cesante. Sólo hacía trabajos ocasionales. Finalmente entré a trabajar como cobrador y pasaba todo el día en la calle. Era un año de decisiones, pues si no encontraba ningún trabajo fijo hasta el final del año, tendría que buscar otro lugar para vivir y trabajar.

Estaba casado y solamente mi esposa trabajaba, también teníamos un bebé recién nacido, después de un embarazo muy complicado y de alto riesgo, donde el médico había diagnosticado que posiblemente el feto no se desarrollaría normalmente. Pero para nuestra alegría, Dios nos bendijo con un niño perfecto y saludable. Para complicar más aún el cuadro, había aprobado el examen de admisión en la universidad, pero no tenía dinero para la matrícula que debía pagar en cinco días.

Fue entonces que clamé a Dios, preguntándole por qué él permitía que todo esto aconteciera en mi vida, ya que hacía tiempo que estaba rogando por un trabajo y nada sucedía, y ahora cómo iba a pagar la universidad y sustentar a mi hijo. Hice entonces un pacto con Dios, pidiéndole que me consiguiera un trabajo y el primer sueldo, después de separar el diezmo, lo daría como ofrenda. Pasaron algunos días, y una tarde, cuando estaba volviendo de las cobranzas recibí un comunicado del Banco de la Amazonía. Al principio pensé que sería alguna cobranza, entonces decidí abrir el sobre, y me llevé la gran sorpresa que era una invitación para un trabajo y debía presentarme en el plazo de 15 días para comenzar.

En 2004 había hecho un concurso y como ya era final de 2006, ni me acordaba de él. Incluso llegué a pensar que ya no me llamarían, pues la validez del concurso era de dos años. Fue cuando recordé un texto que dice: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). Entonces me di cuenta que era una respuesta de Dios a mis súplicas, e inmediatamente corrí a mi cuarto y me arrodillé agradecido. El día 5 de diciembre de ese mismo año fui contratado por el Banco donde trabajo hasta hoy. La universidad aceptó mi matrícula y el pago quedó acordado para el mes siguiente.

Hoy estoy graduado en Red de Computación y además de Héctor (mi hijo) que está con cinco años, tenemos a Helysa de tres años; dos joyas preciosas que estamos cuidando para el Señor.

Desde temprana edad he descubierto que vale la pena confiar en Dios, pues él es fiel.

Erivaldo de Souza Oliveira
Iglesia Central, AP
Unión Norte Brasileña

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