Mayordomía Cristiana

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El Fruto Maravilloso De La Perseverancia

“La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16). Hace varios años atrás yo tenía un negocio en el cual vendía artículos para el hogar. Entre otras personas había contratado como vendedor a un señor llamado Juan Perdomo. Era uno de mis mejores vendedores, pero surgió un problema: este vendedor no trabajaba los sábados, lo […]


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“La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16).

Hace varios años atrás yo tenía un negocio en el cual vendía artículos para el hogar. Entre otras personas había contratado como vendedor a un señor llamado Juan Perdomo. Era uno de mis mejores vendedores, pero surgió un problema: este vendedor no trabajaba los sábados, lo que hacía que las ventas mermaran considerablemente en ese día específico. Fue en ese momento que él me habló de su iglesia, (que casualmente está a trescientos metros de mi casa), lo escuché y respeté su posición. La manera como habló marcó la diferencia, desde ese momento nació otra relación que iba más allá que la de empleado y empleador. Comenzamos a dialogar acerca de su iglesia, y Juan Perdomo jamás dejaba pasar la oportunidad de invitarme a visitar su iglesia, y orar por mí.

Paralelamente, cuando pasaba por la puerta de la iglesia, los sábados, veía que una importante cantidad de personas entraban o salían. Esto era algo que veía todas las semanas y se repitió esta experiencia por muchos años. En todo ese tiempo la amistad fue creciendo y comenzamos a mantener una relación excelente, y de empleado se convirtió en amigo. Los diálogos y las lecturas bíblicas se hicieron más frecuentes, me impactó también el hecho de que su esposa lo apoyaba, porque iban juntos a dar el estudio bíblico. Luego comencé a concurrir los sábados, sentí una gran paz y cada sábado sentía la necesidad de ir a la iglesia, también hice los cursos bíblicos.

Bueno, pero hay algo interesante que sucedió por ahí, ese año hubo una Semana de Oración a la cual yo no asistí, pero Juan y su familia sí fueron. En esa semana muy especial se desarrolló el Seminario de las 40 madrugadas y me enteré que Juan había participado, y que puso mi nombre en la lista de las cinco personas por las que oraría, para conducirlas a Cristo. Pasaron un poco más de 50 días y Dios hizo el milagro que me faltaba, era solo tomar la decisión y pertenecer al reino de Dios. Finalmente, veinticinco años después del primer contacto con Juan Perdomo decidí entregar mi vida a Cristo; y fui bautizado.

Ahora trabajo en tareas dentro de la iglesia, son los jóvenes y aquellos que se han apartado de la iglesia los que más me importan. Estoy feliz de haberme bautizado y de ser parte de la gran familia de Dios aquí en la tierra.

Carlos Vieira
Iglesia Curva
Montevideo
Unión Uruguaya

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