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Dios como socio

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios. Filipenses 4:6. Claudia y Samuel tenían el sueño de adquirir una casa más amplia, pues sus hijos iban creciendo. Samuel estaba desempleado hacia cuatro años y Claudia era empleada pública. Necesitaban aumentar sus ingresos mensuales para realizar el sueño de la familia. La […]


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Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios. Filipenses 4:6.

Claudia y Samuel tenían el sueño de adquirir una casa más amplia, pues sus hijos iban creciendo. Samuel estaba desempleado hacia cuatro años y Claudia era empleada pública. Necesitaban aumentar sus ingresos mensuales para realizar el sueño de la familia.
La preocupación dominó a Samuel y comenzó a pensar en un negocio propio. No sabían qué hacer ni tenían dinero para iniciar. Claudia quería hacer de Jesús el socio mayoritario en lugar de asociarse con otra persona. En ese momento entregaron los planes en las manos del Señor.
El mes siguiente, Claudia recibió inesperadamente una suma significativa en su salario, en relación a un derecho adquirido en los últimos 18 meses de trabajo.
Con el dinero decidieron abrir una casa de productos naturales y dividir las ganancias en partes iguales entre los socios: Claudia, Samuel y el Señor. En seguida hicieron un pacto con Dios: decidieron ser fieles siempre, y le pidieron que les mostrara dónde deberían abrir el negocio.
La madre de Claudia le indicó un local donde el flujo de personas era grande y al lado de otros comercios de alimentos, pero no prosperó. El matrimonio confiaba que Dios proporcionaría algo todavía mejor.
Samuel vio una puerta de garaje entreabiera en un barrio comercial mucho mejor, sin placa de alquiler. Un señor que trabajaba en la reforma del local le explicó que la mitad del salón todavía estaba disponible para alquilar.
Se informaron de las condiciones de alquiler: un monto por el alquiler, otra cantidad por dar inicio, un fiador con escritura propia, la reforma del local y un comprobante de que los ingresos eran tres veces mayores que el valor del alquiler, tanto de ellos como del fiador. El Señor obró milagrosamente pues Claudia ganaría una cantidad equivalente ese mes y apareció un fiador que llenaba las condiciones.
Hoy, Claudia y Samuel están realizados con el negocio propio. Tienen un ingreso extra, venden alimentos saludables y testifican del amor de Dios, el Médico de los médicos. Aprendieron que el Señor nos llama a vivir por la fe siendo fieles a él.

Claudia Regina Guimaraes
Unión Central Brasileña

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