Después de aceptar a Jesús como Redentor, Salvador y Señor, la oración del corazón es: «... 'Soy enteramente Tuyo, mi Salvador; Tú has pagado el rescate por mi alma, y todo lo que soy o espero ser es Tuyo. Ayúdame a adquirir medios, a no gastar tontamente, a no complacer el orgullo, sino a usarlos para la gloria de tu nombre'» (Consejos sobre mayordomía, p. 46).