La familia Figueroa, tiene una propiedad rural en las montañas de Cuzco, Perú. Ellos se dedican al cultivo de varias frutas. Sin embargo, es la fidelidad a Dios lo que los caracteriza y eso ha pasado de padre a hijo. Aunque ellos desarrollan sus actividades en una pequeña propiedad, han hecho la diferencia entre los agricultores de la región.