Amália, de Cochabamba, Bolivia, decide que la única solución para su matrimonio es separarse de su marido Saúl. Él no está de acuerdo y le echa la culpa a ella. Los días pasan y, al arreglar el estante de libros de su casa, Amália deja caer al piso el libro "La gran esperanza" y por primera vez lo abre para leerlo.