Darío, de Manaos, Brasil, fue recibido por un matrimonio adventista que lo apoyó dándole un cuarto para dormir y una mínima estructura para comenzar la vida en Manaos. Siempre organizado con sus cosas, se fue ajustando y trabajando, hasta casarse con Tania, una farmacéutica, y pronto armaron una pequeña farmacia.