“Cortes Contra La Duda”
“Y les di también mis días de reposo, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico” (Ezequiel 20:12). Una de las experiencias más lindas para un creyente nuevo es sin duda la de recibir su primer sábado. Recuerdo como fue mi primera recepción de […]
“Y les di también mis días de reposo, para que fuesen por señal entre mí y ellos, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico” (Ezequiel 20:12).
Una de las experiencias más lindas para un creyente nuevo es sin duda la de recibir su primer sábado. Recuerdo como fue mi primera recepción de sábado. Dios usó a una prima para hacerme conocer el mensaje. Ella me invitó a un grupo pequeño y desde ese momento descubrí la diferencia entre el tiempo común y el sagrado. A mis 16 años empecé a comprender la importancia de este sagrado mandamiento. El pastor Mario Veloso en la devoción matutina de su autoría “Conversando con Dios”, comparte la siguiente historia: En la ciudad de Sao Paulo había un hermano adventista que vendía las mejores naranjas del mercado. Entre sus clientes se contaba el sacerdote de la Parroquia. En la gran mayoría de las ocasiones sus charlas se centraban en el afán del párroco de convencer al hermano sabático a desistir acerca de la doctrina del cuarto mandamiento. Con frecuencia argumentaba: “¿Por qué cierras tu negocio el viernes por la tarde? Sabes bien que en sábado el mercado duplica sus demandas”. El fiel comerciante había provocado en sus clientes el buen hábito de comprar doble porción de naranjas el viernes, debido a su fe. En cierta oportunidad, el clérigo llegó al mercado seguro de que en aquella ocasión obtendría éxito en su cometido. Añadió: “Hoy te convenceré de que el sábado es tan común como los otros días de la semana”.
Tomó siete naranjas similares en forma y tamaño e ilustrando dijo: “Vamos a suponer que cada naranja representa a un día de la semana: esta será domingo, la siguiente lunes…. y ésta simbolizará al sábado”. Continuó: “Fíjese bien en la naranja que representa al día sábado”. El hermano asintió. En un momento inesperado, el sacerdote mezcló las naranjas y nuestro hermano quedó en primera instancia preocupado y confundido. Pero reaccionó y argumentó: “¿Padre podría repetir la ilustración?” Él aceptó. Una vez más repitió exactamente la ilustración. “Observe con cuidado la naranja que representa al sábado”. Antes que el cura volviera a mezclarlas, el sincero hermano desenvainó su navaja y tomando la naranja que simbolizaba al día de reposo declaró: “Y bendijo Dios al día séptimo (hizo un corte en la naranja), y lo santificó (procuró otro corte), porque en el reposó…. (Un tercer corte)”. Concluyó: Ahora Padre puede mezclar como usted desee las naranjas yo siempre sabré donde estará el Día de Reposo”.
Querido hermano, desconozco cuál sea tu situación en este momento que estás leyendo esta reflexión. De pronto estás soportando persecución por tu familia, amigos o compañeros de trabajo. O simplemente aun no estás totalmente seguro en cuanto a esta hermosa verdad. Recuerda el texto de hoy léelo las veces que sean necesarias y cuando estés firme por la influencia del Espíritu Santo, no importa lo que pase, tu siempre sabrás donde estará el día santo del Señor.
Pr. Julio César Álava
Distrito Misionero “Quevedo”
Unión Ecuatoriana