Mayordomía Cristiana

Blog

Confianza en Dios

“Cantad a Jehová cántico nuevo, cantad a Jehová toda la tierra. Proclamad entre las naciones su gloria, en todos los pueblos sus maravillas” Salmo 96:1, 3


  • Compartir:

“Cantad a Jehová cántico nuevo, cantad a Jehová toda la tierra. Proclamad entre las naciones su gloria, en todos los pueblos sus maravillas” Salmo 96:1, 3

Contantemente, cuando surgen los desafíos y aflicciones de la vida, somos tentados a confiar en nuestras propias percepciones, y no consultar a Dios. Pero si vencemos esa tendencia, podremos ver qué bueno y seguro es confiar en el Altísimo.

En el 2007, Francinaldo tenía 3 hijas que estaban terminando la Enseñanza Media. Las niñas estudiaban en el Colegio Adventista, IAAMO, y los padres estaban preocupados con sus finanzas porque luego tendrían que mandarlas a la universidad. La familia eran comerciantes, y vio la necesidad de expandir su negocio. Francinaldo y su esposa conversaron sobre el tema y optaron por alquilar otro inmueble. Oraron a Dios y entendieron que él los estaba guiando como familia. Encontraron un local abandonado en una avenida muy transitada de la ciudad y se impresionaron al ver cómo un lugar tan bien ubicado podría estar abandonado. Se pusieron en contacto con la propietaria, pero ella estaba decidida a no alquilar, porque había quedado desilusionada con los inquilinos anteriores.

Volvieron a su casa y continuaron orando específicamente por ese local, pues sabían que no había un mejor lugar. Cuando compartieron la situación con una amiga de la iglesia, descubrieron que era amiga de la dueña del local y le preguntaron si podría interceder en favor de ellos. Se pusieron muy felices cuando recibieron un llamado de la propietaria marcando una visita. Cerraron el contrato e inmediatamente comenzaron las remodelaciones. No demoraron mucho para recibir comentarios negativos de los comerciantes vecinos, intentando desanimarlos.

Lo interesante es que, en medio de todos esos comentarios, descubrieron el porqué de tanta oposición. Las personas de la ciudad eran muy supersticiosas, y allí en aquel local, habían velado el cuerpo de un antiguo comerciante. Por eso les decían que el local estaba maldecido y que los negocios que ahí se montaban, no prosperaban. Fracinaldo juntó a su familia para orar. Pidieron para que Dios no los dejase ser el centro de las burlas de los otros comerciantes. La familia hizo un pacto de fidelidad con Dios, entregándose nuevamente y por completo en las manos del Señor.
Dios cumplió la promesa de bendiciones abundantes, y la familia comenzó a ser bien vista por los comerciantes vecinos. El negocio prosperó, y las hijas pudieron estudiar en la universidad con tranquilidad.

La familia entendió que Dios desea que confiemos en su poder. Aquellos que dedican su vida al Señor cantarán con alegría y anunciarán las obras del Creador.
Hoy, el negocio de Francinaldo es un testimonio visible del amor de Dios, algunas personas lo buscaron para estudiar la Biblia, motivadas por ese testimonio.
Dios desea hacer grandes cosas por tu familia. ¿Qué tal llevar todas tus preocupaciones a él, y como Fracinaldo, dar testimonio de las maravillas del Señor?

Francinaldo Ferreira da Silva, UNOB

  • Compartir:
Artículo anterior
Siguiente artículo