Confianza en Dios
Y ésta es la confianza que tenemos delante de él: que si pedimos algo conforme a su voluntad, él nos oye. 1ª Juan 5:14. En el año 2006, luego de dos años de bautizados, mi esposa y yo, decidimos iniciar un trabajo independiente sin mucho éxito. Ante estas circunstancias, decidimos como familia, que yo viajaría […]
Y ésta es la confianza que tenemos delante de él: que si pedimos algo conforme a su voluntad, él nos oye. 1ª Juan 5:14.
En el año 2006, luego de dos años de bautizados, mi esposa y yo, decidimos iniciar un trabajo independiente sin mucho éxito. Ante estas circunstancias, decidimos como familia, que yo viajaría a los Estados Unidos para buscar oportunidades de trabajo. La embajada me otorgó la visa por seis meses. Agradecí mucho a Dios por esa bendición considerando que los Estados Unidos estaban otorgando visas por un período menor debido al atentado a la torres gemelas, del 11 de septiembre de 2001.
Cuando llegué a los Estados Unidos busqué dónde vivir durante esos seis meses e inmediatamente comencé a buscar trabajo. Fue precisamente en esas circunstancias, que pude conocer más al Dios Creador y Sustentador a quien adoramos cada sábado. Estuve buscando trabajo por varias semanas, en diferentes lugares sin conseguir el sábado libre. Me sentía muy triste y preocupado por la situación. En más de una oportunidad me indicaron que si quería trabajar no debería establecer ninguna condición. Allí estaba la gran prueba. Había oportunidades de trabajo pero no con el sábado libre. Mientras tanto en Lima, mi esposa junto con un grupo de hermanos oraba por mí, para que Dios me permita conseguir un trabajo digno de su alabanza.
Un día, conversando con mi esposa, me recomendó que confiara en Dios y que no pidiera ninguna condición cuando me entrevistaran; que en esta ocasión deje que el Señor obre de alguna manera; y efectivamente así fue. Todo sucedió un día jueves. Me llamaron para que me presentara inmediatamente a un trabajo; y grande fue mi sorpresa cuando me preguntaron si estaba interesado en empezar al día siguiente, viernes. Debía contestar en el momento, y acepté. Al día siguiente; me levanté muy temprano, busqué al Señor mediante la oración y el estudio de su Palabra, dejando todo en sus manos y confiando en sus promesas.
En la entrevista con quien sería mi supervisor, después de los saludos, me indicó claramente el horario de trabajo: de lunes a viernes hasta las 16:00 y el domingo hasta el mediodía, pues no tenía quien pudiera cubrir el día domingo. Me quedé impresionado por la forma cómo Dios había obrado, no me quedó más que agradecer a Dios y renovar mi confianza en cada una de sus promesas registradas en su Palabra.
Edgar Palacios Silva
Unión Peruana del Sur