Mayordomía Cristiana

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Colocando la vida en orden

“Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia, y tu fidelidad alcanza hasta las nubes” Salmo 36:5


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“Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia, y tu fidelidad alcanza hasta las nubes” Salmo 36:5

Carlos Alberto se acuerda que cuando se casó, tenía el sueño de tener su casa propia y de que, por motivos financieros, por años ese sueño se había sido aplazado. Con mucho esfuerzo, nueve años después, él y su esposa compraron un terreno, pero no tenían condiciones de construir.

Era muy tentador, pero a fin de mes su salario apenas alcanzaba para pagar las deudas. Simplemente, no conseguía organizarse financieramente. Su nombre ya estaba comprometido, estaba sin crédito, su situación con Dios también dejaba mucho que desear, devolvía el diezmo en forma muy irregular.

Oró a Dios y entendió que si quería ser feliz, primero debería ser fiel al Señor en todas las cosas. Hizo una lista de actitudes que debía cambiar y se comprometió a cumplirlas.

Carlos tiene una oficina particular de prestación de servicios bancarios. Capta préstamos consignados y los vende a los bancos. Como resultado, recibe una comisión por la cantidad total de los préstamos. Hasta entonces, su producción mensual era de US$ 30.000,00. De ese valor, pagaba a los corredores y los gastos que tenía, pero así y todo no conseguía administrar bien las cuentas.

Todo cambió después de que hizo un compromiso con Dios. Entendió que lo más importante no es cuánto se gana, sino cuánto consigues ahorrar. También entendió que aquellos que son dadivosos para con el Señor ven su poder en forma maravillosa. Carlos vio cómo su producción aumento cerca de US$ 85.000,00 en un mes. Ahora siente su necesidad de ser un mayordomo fiel, vio cómo su vida cambió completamente. Al mes siguiente, la producción sorprendentemente llegó a US$ 95.000,00, y en apenas tres meses, llegó a US$ 130.000,00. La alegría y gratitud eran tan grandes que no podía dejar de devolver el diezmo y las ofrendas por lo que Dios estaba haciendo por él, pues cada uno debe contribuir según su corazón y sus posesiones.

Dios fue maravilloso y misericordioso con su familia. Carlos cuenta que comenzó ese año con muchas deudas, y en apenas seis meses ya estaban construyendo la soñada casa.

El deseo de Dios es que tengamos vida y vida en abundancia, pero muchas veces, somos nosotros los que dificultamos la acción de Dios. Así como Carlos, necesitamos colocar todo lo que tenemos y lo que somos en las manos del Maestro, y en su infinita misericordia, él guiará nuestros pasos y veremos nuestros sueños realizarse.

Carlos Alberto, UNeB

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