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Cambio Radical

“Si, pues, coméis o bebéis o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1ª Corintios 10:31). Recibí la invitación para participar del campamento de jóvenes de la Asociación Paulista Oeste, en la ciudad de Analandia, en el interior de Sao Paulo, cerca de la ciudad de Brotas, región muy codiciada para practicar […]


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“Si, pues, coméis o bebéis o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”
(1ª Corintios 10:31).

Recibí la invitación para participar del campamento de jóvenes de la Asociación Paulista Oeste, en la ciudad de Analandia, en el interior de Sao Paulo, cerca de la ciudad de Brotas, región muy codiciada para practicar deportes de aventura; estuve cinco días acampando allí. Invitado por algunos amigos fui a practicar rafting, la aventura consistía en descender por el río en balsas inflables, con capacidad para 6 a 8 personas, y con un conductor pasar por rampas y caídas; mientras estábamos en la balsa descendiendo por la rampa iba muy bien, pero cuando todos fuimos invitados a saltar al agua sabía que eso no iba a ser posible para mí, pues estaba con sobrepeso y fuera de forma, y regresar a la balsa sería muy problemático, pero para no quedarme solo en la balsa tuve que saltar, y como ya lo esperaba, subir a la balsa fue un sacrificio.

Al otro día vino el gran desafío, descender de rapel (descenso por cuerda) aproximadamente unos 50 metros, descenso radical, muy bueno cuando se hace con seguridad. Sólo me olvidé de una cosa, que el que desciende necesita subir después 50 metros por un sendero, más una escalera de soga de 10 metros, allí percibí cuánto necesitaba cambiar mi estilo de vida. Llegué arriba con la lengua afuera, muy cansado, y como si eso no fuera suficiente, tenía todavía una larga caminata en terreno abrupto; no fue fácil llegar hasta la carpa.

Al llegar a casa decidí cambiar mis hábitos y vivir un estilo de vida más saludable del que estaba viviendo. Hacer caminatas, comer menos y mejor, desayunar con frutas y pan integral; y los cambios fueron produciéndose. Mi esposa tuvo un papel fundamental, pues siempre se disponía a levantarse conmigo muy temprano a preparar el desayuno; la familia debe participar.

Todos los que desean cambiar su estilo de vida, lo que es muy recomendable, eviten imponer esos cambios a los demás miembros de la familia, o a los amigos, pues cada persona tiene un tiempo para aceptar los cambios que requiere una vida más saludable. Lo que servirá de estímulo para un cambio en aquellos que nos rodean será nuestro ejemplo y los beneficios que observarán en nosotros.

Estimulado por los resultados alcanzados hasta entonces entendí que necesitaba profundizar los cambios y seguir al máximo posible el plan de Dios para mi vida; fue cuando dejé de tomar gaseosas. Esa fue una decisión difícil, pues me gustaba mucho tomar Coca Cola; dejarla sería abrir mano de otras cosas que sólo combinan con Coca Cola; pero gracias a Dios lo fui logrando y fui dándome cuenta que mi disposición para hacer las cosas mejoraba.

Al comienzo de la historia pesaba 110 kilos y poco a poco, sin hacer dietas, sino viviendo un estilo de vida saludable, logré bajar en un año hasta los 98 kilos, y hoy, gracias a Dios, me siento como si fuera otra persona; y lo mejor fue que mi organismo se adaptó a ese nuevo estilo de vida. Estoy convencido de que vale la pena seguir las leyes de salud establecidas por el Creador. Aún tengo mucho por hacer, pero con la bendición de Dios estoy seguro que lo lograré.

Carlos Joberto Sanchez Paes Junior
Iglesia Bataguassu, MS
Unión Centro-Oeste Brasileña

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