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Alzheimer sabático

Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día. Juan 5:9. El 15 de agosto del año 2007 ocurrió uno de los terremotos más grandes de Perú, en Pisco. Yo estaba en la biblioteca de la Universidad Peruana Unión. Era cerca de las 18:45 […]


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Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día. Juan 5:9.

El 15 de agosto del año 2007 ocurrió uno de los terremotos más grandes de Perú, en Pisco. Yo estaba en la biblioteca de la Universidad Peruana Unión. Era cerca de las 18:45 cuando sentí un pequeño movimiento en la tierra. No tuve temor porque en esta región los movimientos leves son cotidianos. Sin embargo, este pequeño movimiento se prolongó hasta convertirse en algo desastroso. Corrí en busca de la salida, y en pocos segundos estaba afuera del edificio con una gran cantidad de jóvenes universitarios. Los edificios se movían de un lado a otro como un columpio. Lo interesante de todo esto es que en una situación así las personas pierden la noción del tiempo. Esa noche, las réplicas me hicieron perder la noción del tiempo.
En la enfermedad de Alzheimer, uno de los síntomas es la desorientación. Es tan evidente que el enfermo se pierde en lugares muy familiares e incluso dentro de la propia casa. Ya no sabe el día, el mes o el año en curso y, más aún, pierde la noción del tiempo. Puedo decir que ese día y esas horas que viví, tuve los mismos síntomas.
Al hablar del sábado y de la vida espiritual, podríamos llamar “Alzheimer sabático” a la pérdida de noción del tiempo en el sábado. Con esta idea quiero decir que el sábado es tan impactante como un terremoto, que debería hacernos perder la “noción del tiempo, las circunstancias, los problemas y todo lo demás”, porque Cristo nos da un impacto tal que nada debería desviarnos de esa idea.
La historia del paralítico junto al estanque de Betesda, muestra esta sensación; hacía treinta y ocho años que esperaba ser sanado pero “los más fuertes atropellaban a los más débiles en su ansiedad por llegar al agua cuando se agitaba, y más de uno moría en vez de encontrar la salud” (EGW, Deseado de Todas las Gentes, p. 171-172, 176). Prácticamente ya no le quedaba esperanza, pero ese día para ese paralítico ocurrió su “terremoto espiritual” que le causó “Alzheimer sabático”. Jesús lo sanó de una manera impresionante. El enfermo anduvo y siguió andando. Físicamente entró en una nueva forma de vida. Perdió la noción del tiempo. Ese sábado fue el más bello de toda su vida. Podríamos decir que esa experiencia permaneció en su corazón hasta el fin de su vida.

Benjamín Trinidad Ticse
Unión Peruana del Norte

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