Alianzas perdidas
“Y afirmaré mi alianza contigo, y multiplicaré tu descendencia en gran manera” Génesis 17:2
“Y afirmaré mi alianza contigo, y multiplicaré tu descendencia en gran manera” Génesis 17:2
En 1992, después de asistir a una Semana de Mayordomía dirigida por el pastor Geraldo Marques, en la Iglesia Adventista del Séptimo Día de Monte Castelo, Fortaleza, Ceará, en Brasil, Paulo y Lucía entendieron el plan de Dios en lo referente a las ofrendas y decidieron separar como ofrenda el 5% de todo lo que recibían. Después de seis meses, Lucía comenzó a discordar del acuerdo. La situación se tornó compleja, y fue motivo de disgusto todos los meses cuando recibían su salario. El esposo argumentaba que había tomado una decisión juntos y que no podían volver atrás, sino, ¿cómo continuarían recibiendo las bendiciones de Dios?
Cierta mañana, después de una de esas discusiones, Paulo se arrodilló al lado de la cama e hizo la siguiente oración: “Mi Dios, tu sabes que hicimos un pacto y no debemos volver atrás. Por favor, ablanda el corazón de mi esposa para que podamos tener un único pensamiento”. Después de la oración, salió para el trabajo. Cerca de las nueve de la mañana, el hermano Paulo recibió una llamada telefónica en su trabajo. Era Lucía quejándose por haber perdido una alianza que habían comprado hacía poco tiempo. Ella se había sacado la alianza para lavar la ropa, pero ahora la buscaba y no la encontraba. ¿Qué harían ahora? Le pidió que cuando llegara a la noche la ayudase a buscarla. Paulo guardo silencio y entendió que era la respuesta de Dios a su oración. Al llegar a su casa a la noche, junto con su esposa, buscaron la alianza en el área de servicio de la casa, pero no la encontraron.
Amaneció, hicieron el culto, desayunaron, y Paulo salió como de costumbre para el trabajo. Estaba confiado en que Dios resolvería el asunto de la mejor forma posible. En la hora del almuerzo, la esposa lo llamó, estaba muy feliz, había encontrado su alianza.
Después de ese incidente conversaron sobre la importancia de mantenerse fiel a Dios, pues él es fiel y no rompe su pacto. La pareja entendió la lección de forma práctica y renovó su pacto de fidelidad con el Señor. Cuando mantenemos nuestra alianza con el Señor vemos su amor y misericordia en nuestra vida. Que en este sábado podamos renovar nuestra alianza con el Padre Celestial.
Paulo Antonio Pergentino de Andrade, UNeB