Caín y Abel representan dos clases de creyentes profesos en Dios que existirán hasta el fin de los tiempos. Ambos aprendieron directamente de sus padres que el cordero sacrificado simbolizaba a Cristo, el medio de Dios para salvar a la humanidad. También aprendieron que debían expresar su fe en el Salvador venidero mediante el sistema de ofrendas especificado por Dios. Pero su reacción a este aprendizaje fue completamente opuesta.