El día del Señor
Si […] lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces […] te daré a comer la heredad de Jacob tu padre […]. Isaías 58:13, 14. Desde los diez años, Fábio conocía la iglesia y su mayor pasión […]

Si […] lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces […] te daré a comer la heredad de Jacob tu padre […]. Isaías 58:13, 14.
Desde los diez años, Fábio conocía la iglesia y su mayor pasión era el Club de Conquistadores. Cierto domingo, no pudo asistir y por eso no recibió su uniforme. Quedó decepcionado y decidió no frecuentar más las reuniones del club ni la iglesia.
Muchos años después, cuando Fábio ya estaba casado, él y su esposa decidieron volver a la iglesia y fueron bautizados.
Fábio estaba sin empleo y tenía muchas cuentas que pagar. Infelizmente, aceptó un empleo donde debía trabajar los sábados. Su intención era trabajar solo tres meses, hasta salir del apuro.
Sin embargo, en vez de saldar sus cuentas estas aumentaban. Las chances de salir de esa situación disminuían cada vez más. La conciencia de Fábio no estaba tranquila. Cada vez que abría la Biblia sentía que Dios hablaba directamente a su corazón. Por eso, resolvió esconderla en el fondo del armario.
Cierto sábado, el matrimonio decidió ir a la iglesia cerca de su casa. Mientras tanto, Fábio sintió un fuerte deseo de ir a otra iglesia, a unos 30 km de distancia. Al llegar al lugar, él se sintió tocado por estar allí. Cuando la predicadora comenzó a hablar, Fábio tuvo la seguridad de que sus palabras eran directamente para él.
Al final del sermón estaba decidido a abandonar el empleo y a seguir a Jesús correctamente. Entonces, la predicadora hizo un llamado. Rápidamente Fábio se colocó en pie y se acercó al púlpito. Durante la oración, la mujer comenzó a hablar sobre los problemas y dificultades que hasta entonces él estaba enfrentando. Al fin ella afirmó: “Esa persona se llama Fábio”.
Al finalizar el culto, Fábio, llorando, se acercó a la evangelista y se presentó. Se abrazaron, y ella le contó que hacía algún tiempo estaba orando por alguien, y ese nombre le vino a la mente.
Fábio dejó el empleo y trabaja por cuenta propia, ahora gana cuatro veces más. Hoy se está preparando para hacer el curso de Teología.
Fábio Barbosa Rodrigues
Unión Centro Oeste Brasileña