Joseane, de Arapiraca, Brasil, tuvo una vida de sufrimiento durante toda su infancia. Las crisis emocionales se extendieron hasta su juventud y fase adulta, muchas veces con deseos suicidas. Un día, Joseana recibió una invitación para una serie de reuniones, en un salón cerca de su casa. Pero una palabra, le llamó la atención: esperanza.