Mayordomía Cristiana

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La niña de sus ojos

“Guárdame como a la niña de tus ojos; escóndeme bajo la sombra de tus alas” Salmo 17:8


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“Guárdame como a la niña de tus ojos; escóndeme bajo la sombra de tus alas” Salmo 17:8

Durante su infancia y adolescencia, Rose escuchó decenas de historias de personas fieles, que experimentaron la providencia de Dios en su vida. Un día, después de pasar por momentos de mucha angustia, decidió actuar como los personajes de esas historias y permitió que Dios la guiara totalmente.

Rose estaba casada y tenía un hijito de tres años y un bebé de uno. Su rutina se dividía entre el trabajo, las tareas domésticas, la iglesia y también el hospital. Sus hijos vivían enfermos. Cuando uno mejoraba, el otro se enfermaba. Tenías alergias respiratorias, y el bebé tenía asma. Por vivir en una ciudad muy contaminada, el bebé tenía crisis semanalmente. Y, cada vez que volvían de una consulta, dejaban parte de su salario en la farmacia.

En la época, frecuentaba una iglesia pequeña en la zona este de San Pablo. Su esposo era el director y tesorero de la iglesia y, por ese motivo, compartía con ella sus preocupaciones respecto de mantener las cuentas de la iglesia al día. En una mañana de sábado, al depositar su ofrenda en el alfolí, pensó en cuán poco estaba dando a Dios y en cuánto gastaba en la farmacia. Entonces, en su corazón, hizo un voto con el Señor: “Si escuchas mi oración, y le das salud a mis hijos, te daré mensualmente el dinero que gasto en los remedios”.

            En esa misma semana, su hija no tuvo crisis asmática y su hijo consiguió dormir bien. La segunda semana pasó, y ella percibió que sus hijos estaban prácticamente libres de los procesos alérgicos. Alabó al Señor por haber respondido su oración y entonces donó mensualmente el valor que antes gastaba en medicamentos. Los años pasaron, y sus hijos continúan saludables.

Rose todavía se acuerda que cuando su esposo decidió estudiar Teología, tuvo que cancelar el plan de salud para disminuir los gastos. Estaba preocupada. Oró al Señor y le pidió que durante aquellos cuatro años de estudio, les concediese salud a la familia. Y Dios así lo hizo.

Cuando piensa en la manera como el Padre celestial ha cuidado de su vida y la de su familia, Rose se siente amada y protegida. Se siente como si fuese la niña de sus ojos. Tú también puedes tener ese sentimiento. Busca a Dios y él te mostrará sus obras. ¡Feliz sábado!

Rosemeire Félix, UCOB

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