Puerta de esperanza
"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. Apocalipsis 3:20.
"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. Apocalipsis 3:20.
Una mujer, que llena de esperanza y valor, usó el libro “La gran esperanza” para salvar a su familia.
Lady Grately nació en la ciudad de Pucallpa. Por amigos y familiares conoció la iglesia Adventista Central de Pucallpa, allí tomó la decisión de bautizarse cuando era muy joven. Durante muchos años trabajó en la ciudad de Lima, donde contrajo matrimonio y le nacieron cuatro preciosos hijos. En Tarapoto fue elegida Directora del INPE Instituto Nacional Penitenciario de Tarapoto. El esposo, Ricardo García, tenia un buen trabajo como administrador en la compañía Telefónica de Tarapoto. Casi olvidaron a Dios. Lady continuó asistiendo al templo. Ella cuenta que Dios era tan misericordioso, que le mandaba personas que la animaron a no naufragar en su fe.
Aunque tenía muchos problemas, los amigos de la iglesia la animaban a seguir adelante. En su corazón Lady sufría porque ni sus hijos, ni su esposo querían seguirle en la fe. Comenzó a asistir a la iglesia Global 2000, situada en el centro de Tarapoto.
Se comprometió en la iglesia, la nombraron directora de Diaconisas, y dio sus recursos y su tiempo para la causa de Dios. Una mañana recibió la triste noticia que su esposo había sido despedido de la empresa. Como siempre, Lady dobló sus rodillas ante Dios y le pidió fuerzas para poder soportar esos momentos de aflicción.
Adquirió 400 libros La gran esperanza para cada colega del trabajo, amigos, vecinos. Obsequió a cada hijo y a su esposo un libro misionero. Cada noche, antes de dormir, como quien practica la lectura con niños menores, leía este maravilloso libro. De a poco, el corazón de sus hijos se abrió a la verdad.
Ella decía: “Cada vez que ellos abrían ese libro, y leían su parte, esa historia los cautivaba, y sentía que Dios abría sus corazones”. Los hijos, y luego el esposo comenzaron asistir a la iglesia. Fue un día muy feliz cuando todos estaban sentados en el templo.
Terminaron de leer el libro misionero y cuando el pastor anunció que el sábado 21 de julio habría un gran bautismo, sus hijos la sorprendieron diciéndole: “Mamá, queremos bautizarnos”, ella no podía creerlo.
Realmente Dios usa muchas formas para expresar su amor hacia nosotros, lo único que nos toca es abrir nuestro corazón y responder su llamado.
El pastor Ricardo García Oroche es de
Tarapoto Central, Misión Nor-Oriental, Perú.