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Dios En Primer Lugar

“Joven fui y he envejecido, y no he visto justo desamparado ni a su descendencia que mendigue pan” (Salmo 37:25). Desde mis nueve años trabajo para ayudar a mi madre con los gastos de la casa. Mi primer trabajo fue de niñera, desde entonces no he dejado de trabajar. En 2008 pasamos por una etapa […]


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“Joven fui y he envejecido, y no he visto justo desamparado ni a su descendencia que mendigue pan” (Salmo 37:25).

Desde mis nueve años trabajo para ayudar a mi madre con los gastos de la casa. Mi primer trabajo fue de niñera, desde entonces no he dejado de trabajar. En 2008 pasamos por una etapa muy difícil, pues mi madre estaba desempleada y yo tenía que mantener la casa con siete personas, y solo ganaba US$ 100. Estuve muy preocupada y oraba para que Dios me mostrara una solución, y él me respondió. Después de recorrer mucho y dedicar tiempo a buscar trabajo, fui contratada para una función de servicios generales del Instituto Federal en una región de Pernambuco. Fui muy bendecida, pues no trabajaba los sábados. Estaba muy feliz, pues era mi primer empleo con seguro social. Poco tiempo después fui promovida a encargada de la empresa a la cual servía.

Un día, el jefe me llamó. Me dijo que el itinerario de trabajo había cambiado y que tendríamos que trabajar los sábados, porque tendríamos clases ese día y él no sabía qué hacer conmigo, porque todos tendrían que trabajar y yo como encargada tendría que dar el ejemplo. Le respondí que podía pagar las horas del sábado, trabajando los domingos y feriados. Le dije que necesitaba del trabajo para ayudar a mi familia, pero el ser fiel a Dios estaba en primer lugar.

Él a su vez me dijo que pensara en mi familia y en mi trabajo. Sostuvo que Dios no dejaría de bendecirme por causa de eso y me aconsejó cambiar de iglesia. Le dije que estaba muy agradecida por la oportunidad del trabajo que me había dado, pero sería fiel con la seguridad de que el Dios a quien sirvo, no dejará que me falte el pan de cada día. Al escuchar mi última respuesta, él me agradeció y me dijo que entraría en contacto conmigo. Quedé un poco preocupada al salir de la oficina, pero algo dentro de mí era muy fuerte y sabía que había hecho lo correcto, que Dios estaba en el control.

Desde ese día en adelante, las bendiciones solo fueron acumulándose en mi trabajo. Dios me bendijo grandemente, ya estoy en una segunda empresa contratada por el Instituto Federal. Hoy ya no trabajo con servicios generales, fui promovida a recepcionista y encargada.

Sobre mi primer jefe, somos amigos y tengo un gran respeto por él y él por mí; oro por él y su familia.

Apreciados hermanos, vale la pena ser fiel a Dios. Él tiene grandes bendiciones para nuestras vidas, pero para recibirlas necesitamos confiar en su poder y dejarlo en el control de toda nuestra jornada.

Carla Sayonara Rodrigues da Silva
Petrolandia, PE
Unión Noreste Brasileña

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