Mayordomía Cristiana

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Un Dios Que No Conocía

“Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto” (Hechos 8:26). Estudié hasta tercero de Primaria, y a mis catorce años dejé mi hogar porque había muchos problemas entre mis padres. Yo nací en Caporaya, Cochabamba, Bolivia […]


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“Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto” (Hechos 8:26).

Estudié hasta tercero de Primaria, y a mis catorce años dejé mi hogar porque había muchos problemas entre mis padres. Yo nací en Caporaya, Cochabamba, Bolivia y dejé mi tierra buscando un futuro mejor en Santa Cruz.

Trabajando como albañil, a los 19 años me convertí en traficante menor de droga, años después, dejé el narcotráfico y me volví comerciante.
A los 26 años conocí a mi esposa Demetria Romero con la cual me casé el año 1982.

Como joven fui tentado a tener dinero rápido, volví al narcotráfico junto a mi esposa, y obtuvimos muchas ganancias. Nuestros amigos de varias iglesias cristianas nos hablaban de Dios, es así que decidimos juntar 30 mil dólares y luego buscar la iglesia verdadera.

En 1992 nos casamos por la iglesia Católica y gastamos cinco mil dólares, el resto queríamos invertir en algún negocio o compra de un camión, pero al año siguiente fuimos arrestados y recluidos en la cárcel. Con el dinero que teníamos compramos una carpintería, en la cárcel; que no resultó ser un buen negocio.

Empezaron nuestras dificultades pero Dios tenía un plan para nuestra vida. Una reclusa del penal que asistía a la Iglesia Adventista le dio estudios Bíblicos a mi esposa, y el 16 de octubre de 1993 fue bautizada.

Estaba deprimido porque me sentía solo. Mis hijos estaban lejos y no los había podido ver, por ser menores tampoco podían venir solos; me enfermé y quería suicidarme. Esta situación me hizo reflexionar hasta que finalmente comprendí que únicamente sería feliz siguiendo las enseñanzas de la Palabra de Dios, un 30 de abril de 2004 decidí entregarme al Señor, y me bauticé.

Mi situación económica estaba mal, no me iba bien con la carpintería, estaba afligido y reflexionaba: “Si Dios está conmigo, ¿por qué no me ayuda?” Busqué ayuda en mi familia y no la obtuve, pero Dios respondió enviando un familiar muy lejano que yo no conocía, el cual me prestó dinero para invertir en un comedor, lo poco que faltaba lo obtuve de la venta de mi carpintería. Debo destacar que la mayor ayuda que recibí fue de los hermanos de iglesia.

Transcurrido el tiempo, el juez determinó diez años de cárcel y 40 mil bolivianos de multa para los dos. Sin embargo, Dios en su amor abrió otro camino y no tuvimos que pagar nada. Dios asimismo abrió el camino para nuestra libertad.

Al estar libres, con mi esposa decidimos congregamos en la iglesia Central de Santa Cruz, donde servimos como diácono y diaconisa respectivamente. Actualmente, asistimos a la iglesia “Dulce hogar” donde Dios ha permitido que trabaje como anciano de la iglesia función que desempeño desde el año 2008, y mi esposa es tesorera de la misma congregación.

En el año 2007 participé del Seminario de Enriquecimiento Espiritual, que fortaleció nuestra fe y desarrolló el deseo de cumplir la misión de la predicación de su Palabra. Así Dios nos ha permitido llevar cinco personas al bautismo por año para gloria y honra de Dios.

Santiago Moreira Patiño
Iglesia Dulce Hogar
Misión del Oriente Boliviano
Unión Boliviana

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