La Profanación Del Sábado
“En aquellos días vi en Judá algunos que pisaban lagares en sábado, y acarreaban haces de trigo, y cargaban asnos con vino, y también de uvas, de higos y toda suerte de carga. Y la traían a Jerusalén en sábado […]” (Nehemías 13:15). Entre algunas cosas que en tiempos de Nehemías se practicaba como algo […]
“En aquellos días vi en Judá algunos que pisaban lagares en sábado, y acarreaban haces de trigo, y cargaban asnos con vino, y también de uvas, de higos y toda suerte de carga. Y la traían a Jerusalén en sábado […]” (Nehemías 13:15).
Entre algunas cosas que en tiempos de Nehemías se practicaba como algo “normal” y hasta “valedero” era que: “pisaban en lagares”; se refiere a que exprimían uvas. Este era el primer paso para la preparación del vino; “acarreaban haces” Se refiere a que hacían manojos, gavillas o montones; “cargaban asnos con vino, uvas, y toda carga”; “vendían las provisiones”; “compraban pescado a los Tirios”. Todo esto que hacían los israelitas en sí mismo no era malo; el problema era que lo realizaban en sábado. Lo habían hecho año tras año por eso resultaba difícil pensar que era inadecuado o inaceptable. El versículo 15 aclara que Nehemías los amonestó por estas acciones.
Hoy corremos el mismo peligro que vivió el pueblo de Israel. Practicamos muchas cosas año tras año que son consideradas “normales”. Algunas de las siguientes preguntas pueden ayudarnos a reflexionar: ¿Dejamos toda la preparación de la comida para el día sábado? ¿Abrimos nuestro comercio antes que se oculte el sol? ¿Preparamos el sábado de tarde lo que venderemos por la noche? ¿Compramos pan para el desayuno o flores para adornar el templo porque no pudimos hacerlo el viernes? ¿Lavamos lo que no pudimos lavar en la semana? etc. Por supuesto, esta lista no es exhaustiva ni tampoco tiene el propósito de condenar a quienes lo han venido practicando.
Un sábado de tarde visité a una hermana que se sostenía de la venta de “mazamorra y arroz con leche”. Cuando toqué la puerta de su casa, escuché una voz que decía hacia adentro de la casa “mamá es el pastor”. De repente se volvió a abrir la ventanita y ella me dijo “pastor, ¡un momento!” y cerró de nuevo la ventanita. Mientras yo esperaba escuché varios movimientos rápidos dentro de la sala. Después de algunos minutos me recibió la hermana recién peinada y un poco sobresaltada. De pronto sentí un aroma agradable y rico a “mazamorra y arroz con leche”. Caramba, dije dentro de mí, “no sabía que me estaban esperando con una cena tan deliciosa”. Sin embargo; el motivo del “grato olor” no era mi visita, sino que la hermana estaba preparando los dulces que vendería inmediatamente después de despedir el sábado. Aquella tarde necesité hablar con la hermana sobre la importancia del día sábado. Luego ella reconoció que estaba transgrediendo el sábado; y que no sentía que Dios la estuviera bendiciendo.
Puede ser que hoy al comenzar este sábado ya sea un poco tarde, quizá el sol ya se ocultó; y no hayas concluído todo lo que necesitabas preparar; quizá muchas cosas faltan arreglar todavía. Te invito a reflexionar en aquellas cosas que estuvimos practicando y se formaron hábitos, pero que sabes que no son del agrado de Dios. Hoy podemos comenzar de nuevo. Pídele a Dios perdón por tus hechos pasados, prométele a Dios prepararte para cada sábado como un día muy especial. Pero sobre todas las cosas abre tu corazón y prepáralo para adorar al Señor en su día santo.
Daniel Villar Espinoza
Departamental de Mayordomía
Lima, Unión Peruana del Sur