Ministerio de la Familia

EL EDÉN RESTAURADO, ESPERANZA RENOVADA

Todo era perfecto. La familia vivía feliz en medio de la vegetación esplendorosa, ríos fascinantes, lagos para dejar sin aliento, nada de colinas abruptas o escabrosas. La fauna y la flora completaban el cuadro. El susurrar de las hojas era una invitación a la adoración. El registro bíblico revela que “Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén” (Gén. 2:8), para “la felicidad de la santa pareja” (PP, 27), siempre que permanecieran “en perfecta obediencia a la voluntad del Padre” (PP, 25). De esa forma, el Edén se constituyó en el regalo de Dios después de que él realizara el casamiento de la primera pareja.

De repente, todo cambió. Satanás asumió la forma de serpiente, entró en Edén y echó todo a perder. Cuando Dios fue visitar a Adán y Eva no los encontró. Entonces llamó: “¿Dónde estás tú?” (Gén. 3:9), (PP, 41). La escena no podría ser peor. Entonces apareció un matrimonio desnudo, cabizbajo, sin brillo en los ojos. Ante la desgracia Dios actúa para ofrecer gracia, perdón, esperanza. En la promesa redentora (Gén. 3:15) Dios ofrece a Cristo, el descendiente (Juan 3:16; Apoc. 12:1-5; Gál. 3:16, 19).

Delante de un Adán atónito fue inmolado un cordero. Dios entonces les hace vestidos para cubrir la desnudez de la pareja, porque restaurar familias es su mayor misión (Gén.3:21). Así, Dios quiere hacer hoy: vestir familias con las vestiduras de Cristo, transformándolas en Familias de Esperanza. Una paráfrasis: “Es la justicia de Cristo lo que hace [a la familia] aceptable ante Dios […] si [la familia] cree en Jesús, [entonces] comparece delante de Dios con las vestiduras inmaculadas de la justicia imputada de Cristo” (FO, 110).

 

UNA MIRADA DE FE

Después de la caída, Adán y Eva fueron expulsados del Edén. Todavía quedaba la esperanza. “A la puerta del Paraíso […] Allí iban Adán y sus hijos a adorar a Dios. Allí renovaban sus votos de obediencia a aquella ley cuya transgresión los había arrojado del Edén, […] [Poco antes] del diluvio la mano que había plantado el Edén lo quitó de la tierra. Pero en la final restitución, cuando haya ‘un cielo nuevo, y una tierra nueva’ (Apoc. 21:1), ha de ser restaurado más gloriosamente embellecido que al principio” (PP, 46).

Hay un dicho dice: “La familia que ora unida, permanece unida”. Cuando Jesucristo regrese en gloria y majestad, dirá a las Familias de Esperanza: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mat. 25:34). El Edén será restaurado. ¡Muy pronto! ¡En esto creemos!

 

PREGUNTAS

  1. ¿Qué hacer para que mi familia sea “familia de esperanza”?
  2. ¿Cuáles son los obstáculos que corroen la esperanza?
  3. ¿Cómo hacer que la eternidad sea algo real para mi familia?

 

Jael Eneas es teólogo y director de Desarrollo Espiritual del

Centro Universitario Adventista de

Sao Paulo – Unasp, Campus Hortolandia

 

 

REFERENCIAS

Elena de White, Historia de los patriarcas y profetas. (Bs. As., ACES, 1997), p. 25, 27, 41, 46.

Elena de White, Fe y Obras. (Bs. As., ACES, 1984), p. 110.

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