Escuela Sabática

Lección 04: Para el 27 de octubre de 2018

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Efesios 1:3–14; Gálatas 4:7; Efesios 2:11–22; 4:1–6, 11; Mateo 20:25–28; Efesios 5:15–6:9.

PARA MEMORIZAR: 

“Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efe. 1:9, 10).

Éfeso era un importante centro comercial y de influencia en Asia Menor. La iglesia de Éfeso estaba formada por judíos, gentiles y gente de todos los ámbitos sociales. Una feligresía tan diversa podría haber sido tan propensa a conflictos como el mundo en el que vivían; es decir, si no fuera por Cristo y la unidad que tenían en él como miembros del cuerpo de Cristo. Por lo tanto, la preocupación de Pablo por la unidad entre los seguidores de Cristo es el tema central de su Epístola a los Efesios.

El concepto paulino de unidad tiene dos dimensiones: la unidad de la iglesia, donde judíos y gentiles se reúnen en un solo cuerpo, Cristo; y la unidad en el universo, en el que todas las cosas en el cielo y en la Tierra encuentran su unidad suprema en Cristo.

La fuente de esta unidad es Cristo. La expresión de Pablo “en Cristo” o “con Cristo” se usa muchas veces en esta epístola para mostrar lo que Dios ha efectuado por nosotros y por el universo mediante la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo. El propósito principal de Dios en el plan de salvación es reunificar todas las cosas por medio de Cristo. Esta unidad recién se manifestará plenamente al final de los siglos.

 

BENDICIONES EN CRISTO

Lee Efesios 1:3 al 14. Según Pablo, ¿qué hemos recibido en Cristo?

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Los seguidores de Jesús tienen muchos motivos para alabar a Dios. En Cristo, Dios ha escogido adoptarnos como hijos e hijas y que lo representemos ante el mundo. Pablo usa muchas imágenes para describir nuestra nueva relación con Dios en Cristo. De estas imágenes, el concepto de adopción aborda el tema de la unidad de esta lección. En Cristo, hemos sido adoptados y pertenecemos a la familia de Dios. Esta imagen familiar también es una referencia al pacto de Dios con los hijos de Israel. En el contexto de las epístolas de Pablo, los gentiles que aceptan a Jesús como el Mesías también son hijos de Dios, herederos de las promesas hechas a Israel (Rom. 8:17; Gál. 4:7). El beneficio de esta relación con Cristo, estar en Cristo, es fundamental para toda la unidad cristiana. Este pasaje también nos dice que siempre ha sido el deseo de Dios reunir a toda la humanidad en Cristo. Y, en la familia de Dios, saber que Jesús no establece ningún estatus especial: todos somos hijos de Dios, amados y apreciados por igual.

Algunos se confunden cuando, en este pasaje, se habla de predestinación (Efe. 1:5, 11). La promesa de que Dios nos ha elegido para ser salvos les parece implicar también que Dios ha elegido a algunos para que se pierdan. Pero esa no es la enseñanza bíblica. Al contrario, Dios preparó el plan de salvación antes de la fundación del mundo para que todos puedan ser salvos. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16; ver además 1 Tim. 2:6; 2 Ped. 3:9). Dios sabe de antemano quién aceptará su ofrecimiento de salvación, pero eso no es lo mismo que predeterminar la decisión de cada uno. La salvación se ofrece a toda la humanidad a causa de lo que Cristo ha hecho por nosotros. La pregunta es: ¿Cómo respondemos a este ofrecimiento? Dios no usa la coacción para salvar a nadie.

“En el concilio del cielo se dispuso que los hombres, aunque transgresores, no debían perecer en su desobediencia, sino que por medio de la fe en Cristo como su Sustituto y Fiador pudieran convertirse en los elegidos de Dios, predestinados para la adopción de hijos por Jesucristo y para él, según el puro afecto de su voluntad. Dios desea que todos los hombres sean salvos, pues ha dispuesto un amplio recurso al dar a su Hijo unigénito para pagar el rescate del hombre. Los que perezcan perecerán porque se niegan a ser adoptados como hijos de Dios por medio de Cristo Jesús”.–“Comentarios de Elena G. de White”, Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1.114.

SE DERRIBA EL MURO

Algunas de las divisiones más profundas entre las personas son causadas por diferencias raciales, étnicas y religiosas. En muchas sociedades, los documentos de identidad indican la etnia o la religión a la que pertenecen, y estas distinciones a menudo están relacionadas con privilegios o restricciones con los que la gente tiene que convivir a diario. Cuando surgen guerras o conflictos, estos marcadores de identidad y diferencias muchas veces se convierten en catalizadores de la represión y la violencia.

 

En Efesios 2:11 al 22, Pablo indica una mejor opción para la comunidad cristiana. Nuestras diferencias ¿cómo afectan nuestra unidad en Cristo? ¿Qué se acabó con la muerte de Jesús en la Cruz?

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Pablo invita a los efesios a recordar cómo era su vida antes de recibir la gracia de Dios en Cristo. Las diferencias étnicas, culturales y religiosas creaban animosidad y conflictos entre los grupos de personas. Pero lo bueno es que, en Cristo, todos somos una sola persona con un Salvador y un Señor en común. Todos pertenecemos al pueblo de Dios. “Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo” (Efe. 2:13).

El antiguo Templo de Jerusalén tenía una pared de separación que distinguía las secciones accesibles solo para judíos étnicos. Este muro tenía una inscripción que prohibía avanzar a los extranjeros, bajo pena de muerte. Este es el reglamento del que acusaron a Pablo de transgredir cuando entró en el Templo después de sus viajes misioneros. Cuando Pablo fue arrestado, lo acusaron de introducir al sector judío del Templo a un efesio llamado Trófimo (Hech. 21:29). En esta epístola, Pablo argumenta que Cristo “es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (Efe. 2:14).

En Cristo, los creyentes son descendientes de Abraham y reciben la circuncisión del corazón. La circuncisión física que Dios le dio a Abraham señalaba la circuncisión espiritual que los creyentes recibirían en Cristo (ver Deut. 10:16). “En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo” (Col. 2:11).

Vuelve a leer Efesios 2:11 al 22. ¿De qué manera vemos reflejada en nuestra iglesia la realidad de lo que Pablo escribió aquí? ¿Qué desafíos persisten?

UNIDAD EN UN CUERPO

Pablo es práctico en sus palabras inspiradas a los Efesios. La unidad que existe entre judíos y gentiles, entre personas de diferentes orígenes culturales y étnicos, no es un mito o simplemente una construcción teórica; es una realidad que nos exige “que and[emos] como es digno de la vocación con que fui[mos] llamados” (Efe. 4:1).

Según Efesios 4:1 al 3, ¿de qué manera los cristianos deben andar como es digno de su llamado en Cristo?

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El resultado práctico de estas virtudes y gracias en la vida del cristiano ayuda a “guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efe. 4:3). Todos estos atributos están arraigados en el amor (1 Cor. 13:1-7). La práctica activa del amor garantiza las relaciones entre los hermanos, y promueve la paz y la unidad en la comunidad cristiana y fuera de ella. La unidad de la iglesia manifiesta el amor de Dios de maneras singulares que otros pueden ver. La iglesia está llamada a dar fe de ello, especialmente en una época de conflictos, divisiones y guerras.

Lee Efesios 4:4 al 6. ¿Cuál es el tema primordial en estos tres versículos?

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En los primeros versículos, Pablo expresa su interés por la unidad de la iglesia. Comienza con una exhortación a la unidad (Efe. 4:1-3) y sigue con una lista de los siete elementos que unen a los creyentes (vers. 4-6). La unidad es algo que los creyentes ya poseen, que debe mantenerse constantemente (vers. 1-3), y el objetivo futuro hacia el cual nos esforzamos (vers. 13).

“El apóstol exhortó a sus hermanos a manifestar en su vida el poder de la verdad que les había presentado. Con mansedumbre y bondad, tole- rancia y amor, debían manifestar el carácter de Cristo y las bendiciones de su salvación. Hay un solo cuerpo, un Espíritu, un Señor, una fe. Como miembros del cuerpo de Cristo, todos los creyentes son animados por el mismo espíritu y la misma esperanza. Las divisiones que haya en la iglesia deshonran la religión de Cristo delante del mundo, y dan a los enemigos de la verdad ocasión de justificar su conducta. Las instrucciones de Pablo no fueron escritas solamente para la iglesia de su tiempo. Dios quería que fuesen transmitidas hasta nosotros” (TI 5:221).

¿Qué decisiones puedes tomar ahora para estar seguro de que “and[as] como es digno de la vocación con que fui[ste] llamado”?

LOS DIRIGENTES DE LA IGLESIA Y LA UNIDAD

“Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efe. 4:7). Si bien la salvación es un regalo que se le ofrece a todo el que la reciba, hay algunos dones espirituales que se otorgan a determinadas personas con un propósito especial.

Lee Efesios 4:11. ¿Qué dones de liderazgo le da Dios a la iglesia?

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Según Efesios 4:12, ¿cuál es el propósito de Dios al dar dones especiales de liderazgo a la iglesia? ¿Cómo se relacionan estos dones entre sí?

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Todos los cristianos en cierto sentido son pastores y siervos de Dios y del evangelio. Todos reciben la comisión de Cristo (Mat. 28:19, 20) de ir y hacer discípulos a todas las naciones, de bautizar y enseñar. La obra del ministerio no se da solo a unos pocos privilegiados, como a los pastores y los evange- listas, sino a todo el que lleve el nombre de Cristo. Nadie puede pretender estar exento de trabajar en la difusión del evangelio, y ningún dirigente de la iglesia puede pretender tener un ministerio exclusivo. Los dones espirituales de liderazgo son específicamente para edificar a la iglesia. Los dirigentes de la iglesia son necesarios para fomentar, promover y alentar la unidad.

La lista de dones de liderazgo de Pablo nos dice que estas funciones tam- bién son para preparar al pueblo de Dios con el propósito de alcanzar a los perdidos. Es responsabilidad de algunas personas especialmente llamadas dentro de la iglesia ayudar a los demás a cumplir su ministerio y servicio para Cristo, y edificar al cuerpo de Cristo “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efe. 4:13). El ejemplo del estilo de liderazgo de Jesús debe guiarnos en la forma en que servimos. Jesús vino para servir a los demás, no para ser servido (Mat. 20:25-28); nosotros debemos ir y hacer lo mismo.

Existe una fuerte tendencia entre los seres humanos a ser independientes y no rendirle cuentas a nadie. La sociedad occidental, en particular, se ca- racteriza por esta inclinación. Sin embargo, Pablo nos recuerda que ningún cristiano está solo en este mundo y que formamos una comunidad de fe con dirigentes espirituales que nos ayudan a animarnos mutuamente en nuestro camino común. Entre todos somos parte del cuerpo de Cristo.

¿Qué dones espirituales tienes y cómo los usas para la unidad de tu iglesia local?

RELACIONES HUMANAS EN CRISTO

El cristianismo es una religión de relaciones: de relación con Dios y con los demás. No tiene sentido decir que tenemos una relación profunda con Dios sin que esa relación tenga un impacto en las relaciones que tenemos con los demás. El cristianismo no se puede vivir en el vacío. Los principios de unidad que Pablo analiza en su Epístola a los Efesios también son aplicables a cómo nos relacionamos con los demás.

Lee Efesios 5:15 al 21. ¿Qué nos está diciendo Pablo en el versículo 21? ¿Cuál es la relación entre la sumisión y la unidad?

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La exhortación de Pablo a someternos unos a otros se relaciona con la frase “llenos del Espíritu” de Efesios 5:18. Una de las expresiones del derramamiento del Espíritu es la sumisión mutua. Esto se refiere a la actitud apropiada de humildad y consideración que debemos tener hacia las personas. Por supuesto, este no es un atributo natural de la mayoría de las per- sonalidades, sino el resultado de la vida del Espíritu en nuestro corazón. Es un regalo del mismo Espíritu, que es el vínculo de la unidad en Cristo. Vista desde esta perspectiva, la sumisión es una cualidad interna que expresa nuestra reverencia por Cristo y su sacrificio por nosotros.

Lee Efesios 5:22 al 6:9. ¿Qué impacto tiene en nuestra relación humana esta calidad de sumisión mutua en el hogar y el lugar de trabajo de un creyente en Cristo?

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En cierta medida, la unidad de la iglesia depende de la unidad en el hogar. Pablo enfatizó que la unidad, el amor y el respeto que deberían existir entre el esposo y la esposa deben ejemplificar el amor de Cristo hacia la iglesia, un amor abnegado. Por lo tanto, en necesario que los esposos, las esposas y los miembros de iglesia demuestren respeto cristiano tanto en el hogar como en la iglesia. Este atributo de Cristo también se ejemplifica en las relaciones entre padres e hijos, y entre empleados y empleadores (dependientes y jefes). El tipo de armonía y paz que debe impregnar nuestro hogar también debe impregnar nuestra vida eclesiástica.

¿Qué principios puedes extraer de los versículos de hoy que puedan ayudarte a com- prender mejor cómo debes actuar (según tu situación) hacia un miembro de tu familia o un compañero de trabajo?

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: 

Lee “El espíritu de unidad”, en Testimonios para la iglesia, t. 9, pp. 144-151. 

“Cristo no reconocía distinción de nacionalidad, jerarquía o credo. Los escribas y los fariseos querían acaparar todos los dones del Cielo en favor de su nación, con exclusión del resto de la familia de Dios en el mundo entero. Pero Jesús vino para derribar toda barrera de separación. Vino a mostrar que el maravilloso don de su misericordia y de su amor, como el aire, la luz o la lluvia que refresca el suelo, no reconoce límites. 

“Por su vida, Cristo estableció una religión sin castas, merced a la cual judíos y paganos, libres y esclavos quedan unidos por un vínculo fraternal de igualdad delante de Dios. Ningún exclusivismo influía en sus actos. No hacía ninguna diferencia entre prójimos y extraños, amigos o enemigos. Su corazón era atraído hacia toda alma que tuviese sed del agua de la vida” (TI 9:153). 

PREGUNTAS PARA DIALOGAR: 

1. Reflexiona en esta declaración: “En el cuarto capítulo de Efesios se revela tan clara y sencillamente el plan de Dios que todos sus hijos pueden aferrarse de la verdad. Aquí se presenta claramente el medio que él ha establecido para mantener la unidad en su iglesia: que sus miembros revelen al mundo una sana experiencia religiosa” (CBA 6:1.117). ¿Qué ves en Efesios 4 que apunta a la unidad de la iglesia? ¿Qué podemos hacer para ayudar a garantizar esa unidad? 

2. La necesidad de humildad y sumisión es fundamental para el tema de la unidad. Sin estos rasgos, ¿cómo podría existir la unidad en la iglesia? Si estamos orgullosos, seguros de nuestras opiniones y posturas, y no estamos dispuestos a escuchar a los demás, no tenemos ninguna posibilidad de unidad. ¿Cómo se aprende esta humildad y sumisión? 

3. ¿Cómo podemos tener unidad incluso cuando no siempre estemos de acuerdo en todo? 

Resumen: En su Epístola a los Efesios, Pablo da muchos consejos sobre lo que significa para los cristianos estar “en Cristo”. La salvación en Jesús transforma nuestra vida en forma práctica. Todas nuestras relaciones humanas, incluidas las relaciones entre hermanos de iglesia, se transforman por el poder de Cristo en nuestra vida. Y esta transformación es crucial para que haya unidad. 

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