Escuela Sabática

EL VIAJE A ROMA | Lección 13: Para el 29 de septiembre de 2018

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: 

Hechos 27, 28; Romanos 1:18-20.

PARA MEMORIZAR: 

“No temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo” (Hech. 27:24).

Hacía tiempo que Pablo deseaba visitar Roma, pero su arresto en Je- rusalén cambió todo. Al ceder a la presión legalista de los líderes de la iglesia de Jerusalén, terminó bajo custodia romana durante casi

cinco años, incluido el tiempo que pasó en el viaje marítimo a Italia. Este cambio representó un duro golpe para sus planes misioneros.

A pesar del revés, Jesús mismo prometió que el apóstol todavía daría tes- timonio de él en Roma (Hech. 23:11). Incluso cuando le fallamos, Dios puede darnos otra oportunidad, aunque no siempre nos libra de las consecuencias de nuestros actos. Pablo fue llevado a Roma como prisionero, y no hay eviden- cias bíblicas de que alguna vez haya ido a España como pensaba (Rom. 15:24). Después de ser liberado de lo que se conoce como el primer encarcelamiento romano, Pablo fue arrestado nuevamente, esta vez para sufrir el martirio (2 Tim. 4:6-8) bajo Nerón en el año 67 d.C.

Sí, Pablo llegó a Roma, y mientras esperaba en su prisión domiciliaria para ser juzgado ante el emperador, le hablaba sin tapujos, a pesar de sus cadenas (Efe. 6:20; Fil. 1:13), a todo el que se acercaba a él (Hech. 28:30, 31), incluyendo a figuras importantes de la casa del César (Fil. 4:22).

DE CAMINO A ROMA

Después de aproximadamente dos años de confinamiento en Cesarea (Hech. 24:27), Pablo fue enviado a Roma. A juzgar por la primera persona del plural y la riqueza de detalles utilizados para describir el largo y turbulento viaje por mar a Italia (Hech. 27:1-28:16), Lucas acompañaba a Pablo, al igual que otro cristiano llamado Aristarco (Hech. 27:2). Otro personaje importante en la historia fue el centurión romano, Julio, que tenía otros prisioneros a su cargo (Hech. 27:1).
Partieron al final del verano mediterráneo. El ayuno (Hech. 27:9) se refiere al Día de la Expiación, en la segunda quincena de octubre. Debido a las condi- ciones invernales, los viajes en el Mediterráneo normalmente se evitaban entre noviembre y marzo. No obstante, esta vez afrontaron dificultades desde el principio, y llegaron con mucho retraso a la pequeña bahía de Buenos Puertos, en la isla de Creta (Hech. 27:8).

Lee Hechos 27:9 al 12. En Buenos Puertos, ¿cómo intervino Pablo en la historia y cómo fue recibida su intervención?

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Las advertencias de Pablo no fueron escuchadas, por lo que decidieron navegar hacia el oeste otros 64 kilómetros para llegar a un puerto (Fenice), donde podrían invernar con seguridad. Lamentablemente, por un cambio climático repentino, se vieron envueltos en una tempestad tan violenta que la tripulación no tuvo más remedio que dejar que la nave fuera llevada a la deriva por el viento hacia el sudoeste, lejos de tierra seca. Pronto comenzaron a arrojar la carga por la borda e incluso algunos de los aparejos de la nave, en un intento frenético por aligerarla, dado que ya se estaba llenando de agua. La situación era dramática. Después de varios días de escasas horas de luz, poca visibilidad, fuertes lluvias y vientos huracanados, sin saber dónde estaban y completamente agotados, “ya había[n] perdido toda esperanza de salvar[se]” (Hech. 27:20).

Lee Hechos 27:21 al 26. ¿Cuál fue la segunda intervención de Pablo en la historia?

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Con palabras proféticas, Pablo le transmitió a la tripulación un mensaje que acababa de recibir de Dios. No había razón para desesperar ni perder las esperanzas. Todavía habría peligros y pérdidas, pero todos ellos sobrevivirían.

¿Por qué tenía que sufrir tanto un servidor tan fiel y dedicado del Señor como Pablo? ¿Qué lecciones podemos aprender de sus experiencias?

EL NAUFRAGIO

En su segunda intervención en la historia, Pablo les aseguró a todos los que estaban a bordo (276 personas en total; Hech. 27:37) que, aunque no todo saldría bien, no habría que lamentar víctimas; solo el barco se hundiría (Hech. 27:22). Catorce días después, las palabras del apóstol se cumplieron. Todavía bajo una terrible tormenta y con el barco completamente a la deriva, los ma- rineros detectaron que había tierra cerca, posiblemente porque podían oír el ruido de las rompientes (Hech. 27:27). Después de una serie de sondeos, y temiendo que la nave fuera empujada contra las rocas a lo largo de la orilla, lanzaron cuatro anclas desde la parte posterior de la nave, para reducir la velocidad. Mientras tanto, desesperadamente les pedían a sus dioses que se hiciera de día (Hech. 27:28, 29).

Lee Hechos 27:30 al 44. ¿Qué lecciones podemos extraer para nosotros de esta historia?

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Al comienzo del viaje, el centurión trató bien a Pablo, pero no tenía mo- tivos para confiar en el criterio náutico del apóstol. Sin embargo, después de dos semanas, las cosas cambiaron. Pablo ya se había ganado el respeto del centurión con su intervención profética sobre el naufragio (Hech. 27:21-26), que ahora convergía hacia su cumplimiento.
Pablo instó a la gente de a bordo a que comiese; de lo contrario, no tendrían fuerzas para nadar y llegar a tierra. La providencia divina no necesariamente nos exime de hacer lo que normalmente sería nuestro deber. “En esta narra- ción, se mantiene un buen equilibrio entre la certeza de la protección de Dios y los esfuerzos de los involucrados para garantizarla”.–D. J. Williams, Acts, p. 438.
Al rayar el alba, los marineros avistaron tierra; era una bahía con playa, donde decidieron encallar la nave. Sin embargo, el barco nunca llegó a la playa. Chocó contra un banco de arena y terminó rompiéndose por la fuerza de las olas. Principalmente a causa de Pablo, el centurión frenó el plan de los soldados de matar a los prisioneros para evitar que escaparan. Al final, como Dios había prometido, no se perdió ni una sola vida.

¿Qué debería decirnos esto acerca del poder del testimonio de Pablo, y de su carácter, que en el afán de conservar a Pablo con vida se les prohibió a los soldados que mata- ran a ningún prisionero?

EN MALTA

Recién al llegar a la orilla los sobrevivientes supieron que se encontraban en Malta, una islita en medio del Mediterráneo, justo al sur de Sicilia. En las dos semanas que habían estado a la deriva en el mar, a merced de la fuerza del viento, habían recorrido unos 764 kilómetros desde Buenos Puertos, Creta. Ahora tendrían que esperar los tres meses invernales antes de seguir viaje (Hech. 28:11).

Lee Hechos 28:1 al 10. ¿Qué le pasó a Pablo en la isla de Malta y cómo lo utilizó Dios?

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La gente de Malta era muy amistosa y hospitalaria, y lo primero que hizo por Pablo y su grupo, ya que todos estaban mojados y con frío, fue encender un fuego para calentarlos; la temperatura de Malta en esta época del año no superaba los 10o C.
El incidente de la serpiente atrajo la atención de la gente hacia Pablo. Al principio, los paganos locales pensaron que el hecho de que hubiera sido mor- dido era un acto de retribución divina. Creían que Pablo era un asesino que había logrado salvarse de morir ahogado pero que aun así fue alcanzado por los dioses, o tal vez por la diosa griega Dikē, la personificación de la justicia y la venganza. Como el apóstol no murió, fue aclamado como un dios, como había sucedido en Listra años atrás (Hech. 14:8-18). Aunque Lucas no se detiene en el incidente, cabe esperar que Pablo haya aprovechado esta situación para dar testimonio del Dios al que servía.
Publio era el procurador romano de Malta o simplemente un dignatario local, pero acogió a Pablo y a sus acompañantes durante tres días hasta que encontraron un lugar más fijo para quedarse. De todas formas, la curación del padre de este hombre le dio a Pablo la oportunidad de participar en una especie de ministerio de curación entre los malteses.
El relato de Lucas no menciona que Pablo haya dejado a ningún converso ni ninguna congregación allí al partir de Malta. Esa omisión puede ser totalmente fortuita, pero ilustra el hecho de que nuestra misión en el mundo va más allá de los bautismos o de la plantación de iglesias: también implica preocupación por las personas y sus necesidades. Este es el aspecto práctico del evangelio (Hech. 20:35; comparar con Tito 3:14).

Qué fascinante es que estos isleños ignorantes del Dios verdadero tuviesen un sentido de la justicia divina. ¿De dónde proviene esto, en definitiva? Ver Romanos 1:18 al 20.

PABLO EN ROMA, AL FIN

Después de tres meses en Malta, Pablo y sus compañeros finalmente pu- dieron continuar viaje (Hech. 28:11). Llegaron a Puteoli (Hech. 28:13), la moderna Pozzuoli, en la bahía de Nápoles, desde donde viajarían a Roma por tierra (ver Hech. 28:11-16).
La noticia del arribo de Pablo llegó rápidamente a Roma, y desde allí un grupo de creyentes viajó varios kilómetros al sur para darle la bienvenida. Aunque nunca había estado en Roma, el apóstol tenía muchos amigos en la ciudad: colaboradores, conversos, parientes y muchos otros que le eran muy preciados (Rom. 16:3-16). La reunión en el Foro de Apio debió de haber sido particularmente conmovedora, especialmente por causa del naufragio y del hecho de que Pablo ahora estaba preso. Como resultado de una demostración tan única de amor y cuidado por parte de sus queridos amigos, el apóstol le agradeció a Dios y se sintió profundamente animado cuando estaba a punto de enfrentar un juicio ante el emperador.
En su informe oficial, Festo seguramente debió haber escrito que, de acuerdo con la ley romana, Pablo no era culpable de ningún crimen signi- ficativo (Hech. 25:26, 27; 26:31, 32). Esto probablemente explique por qué se le permitió alquilar una vivienda particular (Hech. 28:30) en vez de ser enviado a una prisión común o a un campamento militar, aunque, según la costumbre romana, estaba encadenado a un soldado todo el tiempo. El hecho de que Pablo viviera por cuenta propia implica que pudo continuar con su oficio (Hech. 18:3).

Lee Hechos 28:17 al 22. ¿Qué hizo Pablo no bien se asentó?
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Aunque Pablo no podía ir a la sinagoga, la sinagoga podía ir a él. Así que, poco después de su arribo, siguiendo con su política de acercarse primero a los judíos (Rom. 1:16), convocó a los dirigentes judíos locales para declarar su inocencia y explicarles, como lo había hecho antes, que había sido arrestado sin ninguna otra razón que la esperanza de Israel (Hech. 23:6; 24:15; 26:6-8). Su intención no era tanto defenderse sino crear una atmósfera de confianza que le permitiera predicar el evangelio, y demostrar que la resurrección de Jesús era el cumplimiento de la esperanza ancestral de Israel. Sorprendidos porque no habían recibido ninguna información de Jerusalén sobre Pablo, los judíos decidieron escucharlo.

Lee Hechos 28:22. ¿Qué nos dice esto sobre la hostilidad contra los cre- yentes todavía en esta época? ¿Cómo podemos permanecer fieles incluso cuando los demás hablan en contra de nuestra fe?

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LA VICTORIA DEL EVANGELIO

En un día establecido, los judíos acudieron en masa a escuchar la presen- tación del evangelio por parte de Pablo (Hech. 28:23).

Lee Hechos 28:24 al 31. ¿Cuál fue el argumento de Pablo al citar a Isaías en este contexto?

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La cita de Isaías 6:9 y 10 describe lo que sucede cuando las personas se niegan a aceptar el mensaje divino. Aunque algunos judíos creyeron, otros no; y así, debido a esta gran disputa, el apóstol no tuvo más remedio que enfocarse en los gentiles una vez más (Hech. 13:46, 47; 18:6).
Pablo tuvo que esperar dos años para ser juzgado por el emperador. Mien- tras tanto, aunque limitado a su prisión domiciliaria, aún podía compartir el evangelio sin obstáculos con quienes se acercaban a él. La última escena de Hechos enfatiza la victoria del evangelio, ya que ninguna fuerza, ni judía ni romana, pudo detener su progreso.
No queda claro por qué Lucas termina su libro a esta altura, ya que hay evidencias de que, debido a la fragilidad de los argumentos contra Pablo, fue li- berado de este encarcelamiento, emprendió otro viaje misionero y nuevamente lo llevaron a Roma y lo ejecutaron (2 Tim. 4:6-8). Quizá, desde el punto de vista del propósito literario de Lucas, como el evangelio se había predicado incluso en la lejana Roma, ya había alcanzado “hasta lo último de la tierra” (Hech. 1:8).
“La paciencia y el gozo de Pablo, su ánimo y su fe durante su largo e injusto encarcelamiento, eran un sermón continuo. Su espíritu, tan diferente del espí- ritu del mundo, testificaba que moraba en él un poder superior al terrenal. Y, por su ejemplo, los cristianos fueron impelidos a defender con mayor energía la causa de cuyas labores públicas Pablo había sido retirado. De esa manera, las cadenas del apóstol fueron influyentes, a tal grado que cuando su poder y su utilidad parecían haber terminado, y cuando según todas las apariencias menos podía hacer, juntó gavillas para Cristo en campos de los cuales parecía totalmente excluido” (HAp 370).
No obstante, desde el punto de vista de la misión de la iglesia, podría de- cirse que el libro de Hechos (o la historia de la difusión del evangelio) aún no ha terminado, y es aquí donde cada uno de nosotros entra en escena. Se han escrito capítulos mucho más emocionantes y dramáticos a lo largo de los siglos, a veces con la sangre de los fieles testigos de Dios. Ahora es nuestro turno de agregar un capítulo más, el último, y llevar la misión que Jesús dejó con los discípulos a su pleno cumplimiento; “y entonces vendrá el fin” (Mat. 24:14).

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

“Cristo dio a la iglesia un encargo sagrado. Cada miembro debe ser un medio por el cual Dios pueda comunicar al mundo los tesoros de su gracia, las inescrutables riquezas de Cristo. No hay nada que el Salvador desee tanto como tener agentes que quieran representar ante el mundo su Espíritu y su carácter. No hay nada que el mundo necesite tanto como la manifestación del amor del Salvador por medio de seres humanos. Todo el cielo está esperando a los hombres y a las mujeres por medio de los cuales pueda Dios revelar el poder del cristianismo” (HAp 479).
“Largo tiempo ha esperado Dios que el espíritu de servicio se posesione de la iglesia entera, de suerte que cada miembro trabaje por él según su capa- cidad. Cuando los miembros de la iglesia de Dios efectúen su labor señalada en los campos menesterosos de su país y del extranjero, en cumplimiento de la comisión evangélica, pronto será amonestado el mundo entero, y el Señor Jesús volverá a la Tierra con poder y grande gloria” (HAp 91).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

1. ¿Cómo describe Lucas la fe que Pablo tuvo en Dios durante todo el viaje a Roma? Esa fe incondicional ¿cómo afectó a los demás?
2. A pesar de todo lo que había pasado, Pablo nunca abandonó su fe ni su misión. En Roma, siguió predicando a pesar de su libertad restringida. ¿Qué po- demos hacer cuando nos tientan a renunciar a la proclamación del evangelio?
3. Lee Romanos 1:14 y 15. ¿Por qué Pablo sentía la obligación de predicar el evangelio a todos? Nosotros ¿estamos menos obligados que él? Considera esta declaración: “Ganar almas debería constituir la obra de la vida de todo aquel que profesa seguir a Cristo. Somos deudores ante el mundo por la gracia que Dios nos ha dado, por la luz que ha brillado sobre nosotros, y por la belleza y el poder que hemos descubierto en la verdad” (TI 4:56).
4. Vuelve a leer el pasaje de Isaías que utilizó Pablo. ¿Cómo podría aplicarse esta idea a nosotros? Sí, hemos recibido mucho conocimiento de la verdad, pero si nos resistimos a ella, o incluso a aspectos que podrían estar reñidos con nuestros propios deseos, ¿qué peligro espiritual podríamos correr?
5. Imagina que eres el soldado encadenado a Pablo. ¿Qué crees que vio en el hombre al que estaba tan estrechamente ligado?

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