Salud

Alergia al ejercicio

Dr. Hildemar Dos Santos

Una paciente estaba en mi consultorio y tenía un leve sobrepeso, pero sin otros problemas de salud. Comencé a hablar sobre su dieta, a lo que respondió que estaba bien, pero cuando le mencioné el ejercicio simplemente respondió:

“Estoy jubilada, tengo todo el tiempo del mundo, no tengo problemas financieros para pagar un gimnasio o un instructor, tengo todos los equipos de ejercicio en mi casa, pero… ¡odio el ejercicio!  Y después explicó con más detalles que ya había intentado muchos tipos, pero nada constante o duradero.

Ya escuché todas las disculpas posibles por las que una persona no hace ejercicios, pero esta fue la primera vez que alguien confesó realmente cuál era su situación. Y muchos de nosotros podemos identificarnos fácilmente con mi paciente. ¡Cuántas veces comenzamos un programa de ejercicios y después de una semana, o quién sabe dos, volvemos al sedentarismo!

El otro día mi asistente, que era enfermera, me dijo que se había matriculado en un gimnasio y ya había pagado seis meses con anticipación. La miré y le dije: “¿Por qué no me diste el dinero, si en verdad no vas  a ir al gimnasio durante seis meses?” A ella no le gustó mi comentario, y me dijo: “¿Cómo puede el director del departamento de salud preventiva hacer un comentario como ese? Pero, al final de dos semanas, ella ya no iba a ir y continuó así hasta el fin de los seis meses”.

¿Cuál es el problema ahora? ¿Por qué tenemos esta “alergia” al ejercicio?  Una de las explicaciones es debido al progreso. Inventamos máquinas y aparatos para ahorrar el trabajo humano. Oí que están inventando sensores que pueden conectarse a ciertas áreas del cerebro que ejercen funciones en el computador y pueden hasta escribir frases procedentes directamente de la actividad cerebral. Hoy, nuestros teléfonos ya transmiten mensajes escritos, y además, en nuestras computadoras no necesitamos dactilografiar, pueden obedecer nuestra voz y escribir la frase. Así, la necesidad de ejercicio se hizo prácticamente innecesaria, solo tenemos que apretar botones y usar el control remoto.

El problema está ahí, desarrollamos una generación internacional de personas que odian o tienen alergia al ejercicio, desarrollamos actividades o ¿quién sabe? Inactividades, y nuestro trabajo es sedentario. La mayoría de las personas que de alguna forma progresó en la vida y aprendió o se capacitó en una profesión, hoy en día, con seguridad permanece, por lo menos, ocho horas sentada.

¿Cuál es la solución? La solución es simple: incluir más ejercicio en su vida y en su trabajo. Hoy se sabe que, aunque sea, diez minutos de ejercicios realizados en cuatro o más períodos durante el día proveen un nivel ideal de actividad física. Esta práctica es semejante, y tal vez superior, en términos de beneficios físicos, a la práctica de una hora de ejercicio después de ocho horas de inactividad física. Y con certeza es superior a ocho horas de inactividad física seguidas de inactividad física.

La prescripción sería: de diez minutos de ejercicio divididos por lo menos en cuatro veces por día, o hasta mejor, seis veces por día. Imposible, no tengo tiempo, mi patrón no lo permitirá, no resultará. Este es el consejo, como lo aplicará depende de su propia experiencia. Aquí van algunas sugerencias: Lleve algún aparato de gimnasia a su ambiente de trabajo. Hoy existen máquinas de ejercicio adaptadas al escritorio de su oficina, así puede hacer ejercicio mientras trabaja. Tome más agua, si toma más agua tendrá que ir al baño con más frecuencia, y aquí está el secreto, elija el baño que queda en el otro extremo del edificio, al ir hasta allá y volver tarda los diez minutos. Camine más en vez de hablar por teléfono a los colegas de trabajo, camine siempre que tenga que atender el teléfono, compre pesas de ejercicio y déjelas sobre la mesa, así siempre estará presente la motivación para hacer ejercicio.

Compre una cuerda de saltar, y durante los intervalos intente encontrar un lugar adecuado para saltar. Encuentre en el trabajo a un grupo que esté de acuerdo en participar de ejercicios periódicos durante el día. A la hora del almuerzo, después de comer algo salga a caminar o permanezca en pie, es mejor que quedar sentado.

Y si nada de esto es posible, intente cambiar de trabajo. Una señora que por su trabajo tenía que estar sentada durante ocho horas o más por día, resolvió cambiar de función y pasó a ser coordinadora de varios departamentos; ahora su función principal la obliga a caminar de una parte a otra del edificio durante todo el día. Al final de un año la señora había perdido diez kilos, y sin hacer ningún cambio en su alimentación.  El consejo está ahí, el secreto es simple, ahora depende de usted. Si me visita, verá que tengo una bicicleta en una de mis oficinas, además, llevo mi cuerda de saltar a todos lados, tengo pesas en mis dos oficinas y ahora estoy pensando en adaptar una máquina para caminar para poder trabajar andando.

¿Es alérgico a los ejercicios? Use una vacuna, pequeñas dosis diarias de actividad física resolverán el problema.

 

 

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