Ministerio del Niño

Travesura en la escuela

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Texto bíblico: “El que atiende la Palabra halla el bien, y el que confía en el Señor es feliz”. Proverbios 16:20. Descarga las actividades para este sábado!

Objetivo: Mostrar que Elena y Jaime enfrentaban los mismos desafíos con sus hijos que otros padres enfrentan.
Recursos utilizados: Mochila de escuela, tarjetas en blanco para que los niños escriban algún mensaje a sus amigos.

Introducción: Les haré una pregunta, pero ustedes no necesitan responderla, ¿ok? Solo quiero que piensen en la respuesta. ¿Quién de ustedes ya hizo alguna travesura en la escuela? Como ser: arrojar una pelotita de papel a un compañero o esconderle alguna cosa, solo en broma. Los niños son alegres
y les gusta hacer algunas bromas, pero no siempre resultan agradables. Debemos pensar antes de hacer las cosas que después nos podrán traer problemas. La historia de hoy es sobre una travesura que uno de los hijos de Elena y Jaime White hizo en la escuela. Presten atención para saber qué pasó.

Historia: Esta historia sucedió cuando Jaime y Elena tenían tres hijos. El mayor se llamaba Henry. El segundo recibió el nombre del padre, Jaime, y el tercero se llamaba William. Parece que William fue el más inquieto de ellos. ¿Recuerdan la historia de la semana pasada, cuando se cayó en el gran balde con agua y casi se ahogó? Pues bien, la historia de hoy es sobre una travesura que William hizo en la escuela.

Cuando la familia White vivía en Michigan y William asistía a la escuela, parece que a él y a los demás alumnos no les gustaba mucho la maestra. No sabemos la razón. Tal vez ella era muy exigente, o muy seria, o no demostraba mucho amor por los niños. El hecho es que a William tampoco le gustaba.
Entonces, cierto día, aprovechando que había llegado más temprano a la escuela, antes de sus compañeros, tuvo una idea. Tomó una tiza y escribió más o menos esto en el pizarrón: “Un día el diablo apareció y tomó a la maestra __________. La llevó hacia todas las direcciones, al norte, al sur, al este y al oeste. Pero, cuando notó quién era, la dejó aquí para que sea nuestra maestra”. Mediten en esto. Cuando la maestra lo leyó, pidió que el alumno que lo había escrito se identificara.

Llamado: William quedó quietito, no dijo nada. Pero la maestra reconoció la letra, y al fin de la clase conversó con el niño. Al preguntarle por qué había hecho eso, simplemente, él respondió que había aprendido en casa que no debía mentir. La respuesta dejó peor a la maestra.

Es cierto que Elena y Jaime enseñaron a sus hijos a nunca mentir, pero no les enseñaron a hacer bromas que podrían entristecer y herir a alguna persona. Me imagino que mamá Elena tuvo una conversación seria con su pequeño y travieso hijo; y William aprendió una lección importante: No siempre podemos decir lo que pensamos, a menos que sea para hacer que una persona se sienta feliz.
¿Qué te parece si preparas una sorpresa especial para algún colega que necesita atención? El sentimiento será mucho más agradable y a ti también te hará sentir mejor.

Baje el libreto completo!

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