Ministerio de la Mujer

Ana

hijas-de-Dios-ana10Ana, la primera y más amada esposa de Elcana el levita, era estéril, pero deseaba profundamente un hijo. Durante la celebración anual en Silo, clamó silenciosamente al Señor y oró para que le concediera un hijo. El sumo sacerdote Elí, después de escucharla, le dijo: “Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho”.

Le fue otorgado a Ana lo que había pedido; recibió el regalo por el cual había suplicado con tanto fervor. Cuando miró al niño, lo llamó Samuel, “demandado de Dios”. Historia de los Patriarcas y Profetas, 614-616 (1890).
Durante los primeros tres años de vida del profeta Samuel, su madre cuidadosamente le enseñó a distinguir entre el bien y el mal.
Buscaba en cada objeto familiar que los rodeaba la oportunidad de dirigir sus pensamientos hacia el Creador.
Con gran renunciamiento, y en cumplimiento del voto que había hecho de entregar su hijo al Señor, lo dejó al cuidado de Elí, el sumo sacerdote, para que fuera entrenado en el servicio a la casa de Dios.

Aunque la juventud de Samuel transcurrió en el tabernáculo dedicado al culto a Dios, no estuvo libre de malas influencias o ejemplos pecaminosos. Los hijos de Elí no temían a Dios ni honraban a su padre; pero Samuel no buscó su compañía ni siguió sus malos caminos.

Su temprana educación lo llevó a mantener su integridad cristiana.
¡Cuán grande fue la recompensa de Ana! ¡Y cuánto alienta a ser fiel el ejemplo de ella! The Review and Herald, 8 de septiembre de 1904.

“Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí.” (1 Samuel 1:27)

Fuente: Hijas de Dios, Elena de White. Daughters of Grace, Trudy J. Morgan-Cole.

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