En busca de Dios
“Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” Jeremías 29:13

“Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” Jeremías 29:13
Ella solo quería conocer a Dios. Constantemente se cambiaba de una religión a otra. En cada una las personas le afirmaban que Dios estaba allí, y le decía: “Él va a cambiar tu vida y te va a dar todo lo que deseas”. Eso la motivó a buscar a Dios. Quería realmente que Dios la aceptara. Quería a aquel Dios que todos hablaban que era bueno, que ayudaba, que solucionaba los problemas, que traía alegría y salvación. Ese era el Dios que ella y su familia necesitaban.
Cierta vez, preguntó: “¿qué tengo que hacer para conocer a Dios?” Hizo todo lo que le dijeron. Llegó al punto de vender sus ollas, el anillo de casamiento, todos los muebles de su casa, el cilindro de gas y el alimento de su propia familia y entregar todo para la iglesia. Pensaba que así estaba desarrollando su fe.
Después de tanto buscar a Dios, de todas las formas posibles, concluyó que no existía. Una rebeldía contra Dios creció en ella. Se cuestionaba por qué había hecho tanto, entregado todo y él no le respondía. Su idea de Dios estaba distorsionada y nublada.
Todo comenzó a cambiar cuando su hija apareció con un libro La gran esperanza que encontró entre la correspondencia. Comenzó a leerlo ávidamente y quedó sumamente interesada. El libro impactó su mente porque hablaba de cosas que nunca había oído.
Su deseo era saber si toda esa información era verdad. Entonces lo leyó por segunda vez, pero ahora con el auxilio de la Biblia, confirmando cada referencia y confirmando que el libro decía la verdad. Su visión sobre quien era Dios y cómo actúa en nuestra vida fue cambiando de a poco.
Pudo relacionar su experiencia anterior y su conocimiento sobre Dios con lo que descubrió en el libro, y percibió que no se podía tratar del mismo Dios. El libro le enseñó la manera correcta de hacer la voluntad de Dios, ya que estaba basado en su Palabra.
Lo interesante es que en este período de tiempo, conoció el canal Nuevo Tiempo y comenzó a ver su programación regularmente. Fue durante un programa que escuchó a un pastor comentar sobre el libro La gran esperanza. Ya habían pasado como seis meses desde que lo había leído y ahora, finalmente, sabía dónde debía buscar a Dios. Buscó una Iglesia Adventista del Séptimo Día, donde fue muy bien recibida, continuó estudiando y luego fue bautizada.
Dios está atento a nuestras oraciones. Su Palabra no falla y todos los que lo buscan lo encontrarán. ¿Qué tal colocar una vez más tu vida en las manos de nuestro Dios y permitir que la confianza en él inunde tu vivir?
Sheyla Guimarães, UCB