Jóvenes

J.A. 19/Dic. Vive bien

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“[…] yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10).

ALABANZA
Ven, Espíritu Santo – CD Joven 2013
Restaura – CD Joven 2012
Yo puedo – CD Joven 2010

TESTIMONIO
“LA SALUD ES el sueño tanto de pobres como de ricos. ‘Cuando hacía mi residencia en Johns Hopkins’, informa el Dr. Ben Carson, el famoso neurocirujano, ‘me impresionó el calibre de los pacientes que vi en las salas. Había muchos jefes de Estado, miembros de la realeza y ejecutivos de muchas grandes organizaciones. Muchos de ellos estaban muriendo de horribles enfermedades, y gustosos hubieran dado cada título y cada centavo a cambio de un certificado de salud. Esto realmente pone en perspectiva las cosas que son verdaderamente importantes en la vida’. […]
“Por esta razón, necesitamos prestar mucha atención a la conservación de la buena salud y no solamente preocuparnos cuando algo la amenaza. Y, cuando hablamos de salud, debemos pensar no solo en su dimensión física, sino también en sus facetas mental y espiritual. Nuestro deber es optimizar todos estos aspectos” (Viva con esperanza, p. 5).

ORACIÓN INTERCESORA
El Señor anhela que vivamos la vida en su plenitud y que tengamos conciencia de que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo. La intemperancia embota la mente y dificulta nuestra comunión. Oremos para que cada uno pueda vivir de manera coherente con la verdad que conoce. Oremos por las personas enfermas y para que Dios nos use como canales de bendición.

MENSAJE
Aprovecha esta hermosa descripción de Elena de White para hacer una dramatización sin diálogos, solamente con el narrador:
“Muchos de los que acudían a Cristo en busca de ayuda habían atraído la enfermedad sobre sí, y sin embargo él no rehusaba sanarlos. Y cuando estas almas recibían la virtud de Cristo, reconocían su pecado, y muchos se curaban de su enfermedad espiritual como también de sus males físicos.
“Entre tales personas se hallaba el paralítico de Capernaúm. […] Su enfermedad era resultado de una vida pecaminosa, y el remordimiento amargaba su padecer. En vano había acudido a los fariseos y a los médicos en busca de alivio […]. El paralítico había caído en la desesperación. Pero después oyó hablar de las obras de Jesús. Otros, tan pecadores y desamparados como él, habían sido curados, y él se sintió alentado a creer que también podría ser curado si conseguía que lo llevaran al Salvador. Decayó su esperanza al recordar la causa de su enfermedad, y sin embargo no podía renunciar a la posibilidad de sanar.
“Obtener alivio de su carga de pecado era su gran deseo. Anhelaba ver a Jesús, y recibir de él la seguridad del perdón y la paz con el Cielo. Después estaría contento de vivir o morir, según la voluntad de Dios. No había tiempo que perder […]. Conjuró a sus amigos que lo llevasen en su cama a Jesús […]. Pero era tanta la muchedumbre que se había juntado dentro y fuera de la casa en la cual se hallaba el Salvador que era imposible para el enfermo y sus amigos llegar hasta él, o ponerse siquiera al alcance de su voz. […] Por indicación suya, sus amigos lo subieron al tejado de la casa y, haciendo un boquete en él, lo bajaron hasta los pies de Jesús.
“El discurso quedó interrumpido. El Salvador miró el rostro entristecido del enfermo, y vio sus ojos implorantes fijos en él. […] Y ahora, con palabras que eran como música para los oídos a los cuales eran destinadas, el Salvador dijo: ‘Confía, hijo; tus pecados te son perdonados’ (Mat. 9:2). La carga de culpa se desprende del alma del enfermo. […] Las palabras de Cristo manifiestan su poder para leer el corazón. ¿Quién puede negar su poder de perdonar los pecados? […] Ya desapareció el dolor físico, y todo el ser del enfermo está transformado. Sin pedir más, reposa silencioso y tranquilo, demasiado feliz para hablar.
“[…] Pero los fariseos, temerosos de perder la influencia que ejercían sobre la muchedumbre, decían en su corazón: ‘Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?’ (Mar. 2:7). Fijando en ellos su mirada, bajo la cual se sentían acobardados y retrocedían, Jesús dijo: ‘¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados; o decir: Levántate, y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados’, agregó dirigiéndose al paralítico: ‘Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa’ (Mat. 9:4-6). Entonces, el que había sido traído en camilla a Jesús se levantó con la elasticidad y la fuerza de la juventud. E inmediatamente, ‘tomando su lecho, se salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca tal hemos visto” (Mar. 2:12).

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