Jóvenes

Johnny Franz Pari

JohnnyPariMi nombre es Johnny Franz Pari, tengo 29 años, soy boliviano y terminé el año pasado la Facultad de Teología.

Cuando estaba cursando el último semestre de la carrera de Teología, el pastor líder de jóvenes de la Unión Boliviana vino a realizar una invitación para participar como misionero del proyecto OYIM, en Montevideo Uruguay. Muchos de mis compañeros estudiantes se inscribieron para servir como misioneros y representar a sus países. Yo también lo hice, porque tenía el deseo y el anhelo de servir a Dios en una aventura diferente.

Uno de los factores que me motivó a tomar esta decisión fue el amor de Dios, su cuidado y protección durante los cinco años en la facultad de Teología y el simple hecho de haber contado con Él como con cualquier amigo cercano, hacían que yo sintiera deseo de retribuir tanto amor. Dios siempre suplió mis necesidades y yo debía hacer algo por Él.

Hace ya algún tiempo había escuchado hablar sobre Uruguay y sentía que en relación a filosofías y religiones, éste era un país frío.

Sin embargo, cuando llegué y comencé a conocer mejor la cultura, percibí que incluso en lugares aparentemente indiferentes, siempre hay quien necesita escuchar de Dios. Las personas que visité siempre fueron cordiales con el grupo y conmigo. Para este trabajo, siempre influye mucho la comunión con Dios y siento que esa es mi principal tarea cada día, al levantarme. Hacemos muchas cosas aquí, entre ellas desarrollar actividades de producción, la radio y los estudios bíblicos, las visitas a casa de los interesados, etc. Lo que más me gusta es compartir con mis compañeros de diferentes culturas, regiones geográficas, y comprobar que lo que nos une es el propósito de predicar el mensaje de salvación y amor de Dios.

Nunca había tenido la oportunidad de convivir con personas de diferentes nacionalidades (para ser exactos de ocho países). Al principio me costó adaptarme, pero con el pasar de los días llegamos a conocernos mejor y guardar respeto y aprecio mucho. Pienso que el respeto es esencial para toda buena convivencia en un grupo donde se hace una misión.

Uno de los testimonios que me impactó, fue el de Lilian. La primera vez que la vimos notamos angustia en su vida, estaba deprimida y llena de problemas. Lo que más la afligía era la situación que vivía tras haberse separado de su esposo.

Cuando la invitamos a estudiar la Biblia ella aceptó gentilmente y muy contenta. Después de escudriñar la Palabra de Dios con Lilian, el 16 de Mayo tomó la decisión de bautizarse. Una gran alegría, Lilian no era más la persona que vimos por primera vez, el amor de Cristo le trajo paz en medio del dolor. Vimos claramente cómo el milagro de la restauración fue obrado en su corazón y ella volvió a sonreír.

Basado en mi experiencia, yo animo a cada joven a participar del proyecto Un Año en Misión, y a gozar de la ricas bendiciones que el Señor quiere derramar en sus vidas. Aparentemente pierdes un año, pero la verdad es que ganas tanto que deseas dedicar un año más, se reaviva en el corazón el deseo de predicar y hablar de Jesús a todo el mundo… Para mí esta es una experiencia que jamás voy a olvidar y es más creo que es la mejor herramienta que enriquecerá mi ministerio futuro. El proyecto también cambio mi visión, y me abrió la puerta de un nuevo horizonte para llevar salvación a las personas.



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