Jóvenes

Doris Machaca

DorisMachacaMi nombre es Dora Machaca Flores, tengo 29 años y vengo de Perú. Soy educadora de profesión y me enteré del proyecto “Un año en misión” en Julio del 2013, mientras participaba del Encuentro de Líderes del Ministerio Joven de la Unión Peruana del Norte en la ciudad de Tarapoto, al Norte de mi país.  En ese momento sentí el llamado de Dios y deseé en mi corazón participar, pero tomar una decisión de esta naturaleza no sería fácil pues implicaba hacer un alto a mi vida, dejar por un año mis sueños, trabajos, amigos, familia y otras prioridades. Sin embargo Dios fue déndomes muestras de que deseaba que yo participase, el respaldo de mi familia, principalmente el de  mis padres, fue vital para decidir ir a Montevideo.

 

Al llegar a esta hermosa ciudad, imaginé que compartir el mensaje del evangelio no sería muy complicado  pues la recepción en el aeropuerto fue muy buena. Sin embargo, los primeros días comprobamos que no todos recibían con agrado el mensaje del evangelio. Algunos fueron muy directos y duros con nosotros. Sin embargo, con el pasar de los días y la aplicación de los  proyectos, conocimos personas con un corazón sincero que estaban esperando escuchar de Dios.

 

El día a día en el proyecto gira en torno a las visitas y estudios bíblicos que realizamos con nuestros estudiantes. La atención en el centro de influencia de la Radio Nuevo Tiempo y los proyectos que realizamos, en mi caso en el Liceo Adventista de Montevideo. Participamos también en el programa de radio “Encuentro Marcado”. Lo que más me gusta de todo esto es la oportunidad que tenemos de desarrollar amistad con las personas y compartirles el evangelio.

 

No todo ha sido fácil, la mayor dificultad para mi fue ver como las personas eran probadas en su fe,  cuanto más conocían de Dios y se aferraban a Él, más dificultades se presentaban en su vida. Lo maravilloso es que Dios respondía las oraciones y se manifestaba en el momento exacto. Ese es el caso de una mujer que estudió la Biblia con nosotros, la conocimos en un momento muy difícil: la desesperación y el sufrimiento agobiaban su alma. Empezamos a estudiar la Bilbia y orar con y por ella. Ha tenido dificultades, pero su confianza está puesta en Dios. Sus hijas, en otro país, asisten hoy a la iglesia, y sus amigas tienen la oportunidad de conocer el evangelio gracias a ella. Dios la transformó, fue hermoso para nosotros ser testigos presenciales del poder de Dios. Situaciones como ésta le dan sentido a mi vida, ayudar y servir a los demás.

 

Decidir ser misionera y dedicar todo este tiempo a la obra de Dios fue la mejor decisión que he tomado. Mi vida cambió por completo. Aprendí a depender de Dios y no de mis propias fuerzas. Pude ser testigo del poder de la oración y de los milagros ocurridos en muchas personas. Las promesas de Dios adquieren sentido en nuestras vidas si lo buscamos siempre y lo ponemos como la única opción en nuestras vidas.



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