PREGUNTAS FRECUENTES

Lo que quizás te estás preguntando

Encuentre respuestas claras y objetivas a algunas de las preguntas más frecuentes sobre la Iglesia Adventista del Séptimo Día, sus creencias, valores y prácticas, siempre con base en la Biblia.

IDENTIDAD DE LA IGLESIA

Los adventistas del séptimo día son cristianos en el sentido más pleno de la palabra: creen que Jesucristo es el Hijo de Dios y el único medio de salvación para la humanidad. Toda la fe adventista gira al rededor de él: su vida, su muerte en la cruz, su resurrección y la promesa de su pronto regreso. Como afirmó el propio Jesús: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí" (Juan 14:6), y los apóstoles enseñaron que "en ningún otro hay salvación" (Hechos 4:12).

Uno de los puntos que distingue la fe adventista es la comprensión de que Cristo continúa actuando hoy. Además de haber muerto y resucitado por la humanidad, Jesús desempeña en este momento el papel de Sumo Sacerdote en el Santuario celestial, intercediendo en favor de cada persona (Hebreos 7:25). Para el adventista, ser cristiano es confiar enteramente en esa obra —pasada, presente y futura— de Jesús.

La Biblia es la Palabra inspirada de Dios y la única regla de fe y práctica (2 Timoteo 3:16). A partir de ella, los adventistas mantienen creencias que son comunes al cristianismo desde sus comienzos: la existencia de un solo Dios en tres personas —Padre, Hijo y Espíritu Santo— (Mateo 28:19) y la salvación recibida como don, por gracia, mediante la fe en Jesucristo (Efesios 2:8).

La esperanza adventista también mira hacia el futuro. La Iglesia cree en la segunda venida de Jesús, descrita como "la esperanza bienaventurada" del cristiano (Tito 2:13), y en la restauración final de todas las cosas, cuando Dios hará "cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia" (2 Pedro 3:13). Estas convicciones no son teorías lejanas: forman parte de la manera en que el adventista vive, adora y se relaciona con el prójimo.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día no es una secta. Es una denominación cristiana protestante, presente en más de 200 países, que comparte las principales doctrinas fundamentales del cristianismo: la autoridad de la Biblia, la Trinidad y la salvación por gracia. Su organización, transparencia y amplia labor en educación, salud y acción social la sitúan entre las comunidades cristianas reconocidas mundialmente.

La Iglesia también posee creencias que no todas las denominaciones comparten, pero que están firmemente sustentadas en las Escrituras, como la doctrina del Santuario celestial, donde Cristo intercede por los seres humanos (Hebreos 8:1, 2). Los adventistas siguen el ejemplo de los cristianos de Berea, que "escudriñaban cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así" (Hechos 17:11). Más que aceptar una tradición, la invitación es siempre comprobar personalmente lo que enseña la Biblia.

SOBRE LA BIBLIA Y LA FE

La Biblia es la Palabra inspirada de Dios y la única regla de fe y práctica. Por eso, los adventistas creen que "toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar" (2 Timoteo 3:16) y que los profetas y apóstoles escribieron "siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Pedro 1:21). Por lo tanto, toda enseñanza, costumbre u opinión se evalúa a la luz de lo que dice la Biblia.

Para el adventista, la Biblia no es solo un libro de reglas, sino la forma en que Dios se revela y guía la vida de quien lo busca: "Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino" (Salmo 119:105). Esta confianza en las Escrituras es la que sustenta cada una de las creencias de la Iglesia.

La salvación es enteramente un don de Dios, recibido por gracia mediante la fe en Jesucristo. La Biblia es clara: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe" (Efesios 2:8-9). Nadie puede merecer ni comprar la vida eterna; esta se ofrece gratuitamente a todo aquel que cree.

Por lo tanto, las buenas obras no son la causa de la salvación, sino la consecuencia natural para quien ha sido salvo. Quien fue transformado por Cristo comienza a vivir de una manera diferente, no para ser salvo, sino porque ya fue alcanzado por el amor de Dios. En este sentido, la Biblia afirma que "Así también la fe, si no tiene obras, está completamente muerta" (Santiago 2:17). La vida transformada es el reflejo de una fe genuina.

Los adventistas entienden que cuidar el cuerpo forma parte de la vida cristiana. La Biblia enseña que el cuerpo humano es "templo del Espíritu Santo" (1 Corintios 6:19) y que todo lo que se hace —incluso comer y beber— debe ser "para la gloria de Dios" (1 Corintios 10:31). Por eso, la Iglesia recomienda no consumir alcohol ni tabaco y evitar sustancias estimulantes, como la cafeína, en favor de una vida más saludable y equilibrada.

Esta no es una lista de prohibiciones arbitrarias, sino una expresión de gratitud y respeto por el don de la vida. La motivación es el deseo sincero de que cada persona disfrute de plena salud, pues, como escribió el apóstol Juan: "[…] deseo que tú seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud […]" (3 Juan 2). El estilo de vida saludable es una invitación, no una condición para ser aceptado por Dios ni para asistir a la iglesia.

SOBRE EL SÁBADO

Porque el sábado fue establecido por Dios desde la creación del mundo, cuando, después de los seis días, "reposó el séptimo día", lo bendijo y lo santificó (Génesis 2:2, 3). Más tarde, ese día fue confirmado en los Diez Mandamientos, con la invitación: "Acuérdate del sábado para santificarlo" (Éxodo 20:8). Es un regalo de Dios para la humanidad: un tiempo dedicado al descanso, la adoración y la comunión con él y con las personas amadas.

En esto, los adventistas siguen el ejemplo del propio Jesús, quien "conforme a su costumbre, el sábado entró en la sinagoga" (Lucas 4:16). Él enseñó que "el sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado" (Marcos 2:27), mostrando que ese día fue creado para el bien de la humanidad. Más que una regla, el sábado es una pausa semanal de paz, en la que se dejan de lado las preocupaciones para intensificar la relación con Dios y renovar las fuerzas.

No. La salvación depende exclusivamente de la gracia de Dios por medio de Jesucristo, recibida por la fe, nunca por alguna obra humana (Efesios 2:8). Guardar el sábado no salva a nadie, así como no guardarlo no priva a nadie del amor de Dios.

Sin embargo, para los adventistas, el sábado es una expresión de fe, confianza y amor a Dios, y no un medio para conquistar la salvación. La Biblia lo describe como "una señal" perpetua entre Dios y su pueblo (Éxodo 31:13). Jesús resumió muy bien esta relación al decir: "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14:15); es decir, la obediencia nace del amor, y no al contrario.

SOBRE ELENA G. DE WHITE

La Iglesia Adventista cree que sí. De la misma manera que ocurrió en el pasado con profetas y profetisas registrados en la Biblia —como Débora (Jueces 4:4) y Hulda (2 Reyes 22:14)—, los adventistas entienden que Dios concedió a Elena G. de White el don bíblico de profecía para orientar, animar y fortalecer a la Iglesia. Las Escrituras anuncian que este don se manifestaría en los últimos tiempos: "Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán" (Joel 2:28).

El don de profecía es descrito por la Biblia como uno de los dones concedidos por Dios para edificar a la iglesia (Efesios 4:11-13) y como una característica del pueblo fiel en los últimos días (Apocalipsis 12:17). Para los adventistas, esto no significa poner a Elena G. de White por encima de la Biblia, sino reconocer que Dios continúa hablando y guiando a su pueblo, siempre en armonía con lo que ya fue revelado.

Los adventistas entienden que el ministerio de Elena G. de White está en plena armonía con la Biblia y que sus escritos produjeron frutos positivos para la fe y la misión de la Iglesia. Jesús enseñó un criterio sencillo para distinguir lo verdadero de lo falso: "Por sus frutos los conoceréis" (Mateo 7:16). A lo largo de más de un siglo, sus consejos han inspirado avances en la educación, la salud y el servicio al prójimo.

La propia Biblia orienta a no menospreciar las profecías, sino a "examinarlo todo y retener lo bueno" (1 Tesalonicenses 5:20, 21). Esa fue precisamente la prueba que aplicó la Iglesia: comparar sus escritos con la Biblia, bajo el principio de Isaías 8:20. Por permanecer fieles a la Biblia y por sus resultados edificantes, los adventistas concluyen que su ministerio fue genuino.

Los adventistas adoran solamente a Dios. La propia Biblia es clara en este punto: la adoración pertenece exclusivamente al Señor (Éxodo 20:3), y cuando el apóstol Juan intentó postrarse ante un ángel, escuchó la orden: "¡Adora a Dios!" (Apocalipsis 22:9). Ningún ser humano, por más respetado que sea, ocupa ese lugar.

Elena G. de White fue una de las pioneras de la Iglesia Adventista y es reconocida por sus escritos edificantes, pero ella misma siempre señaló a la Biblia como la autoridad suprema, comparando sus obras con una "luz menor" que conduce a la "luz mayor", que son las Escrituras. Sus consejos nunca sustituyen a la Biblia; al contrario, son evaluados por ella, de acuerdo con el principio de recurrir siempre "a la Ley y al testimonio" (Isaías 8:20).

SOBRE LA VIDA EN LA IGLESIA

Las reuniones son momentos de adoración, alegría y comunión. Incluyen oración, música, estudio de la Biblia, predicación y convivencia entre los participantes, siguiendo el espíritu de la iglesia primitiva, que "perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones" (Hechos 2:42). Las reuniones están abiertas a todos, y las visitas siempre son bienvenidas.

El culto principal se realiza los sábados, pero también hay reuniones de oración, estudios bíblicos y programas dirigidos a niños, jóvenes y familias los miércoles y domingos. La Biblia incentiva precisamente este hábito de reunirse, recomendando "no dejar de congregarnos, como algunos tienen por costumbre" (Hebreos 10:25), porque hay fortaleza y alegría en vivir la fe en comunidad; después de todo, Jesús prometió estar presente "donde están dos o tres congregados" en su nombre (Mateo 18:20).

El camino comienza de manera sencilla: usted puede visitar una iglesia local, participar de los cultos y de los estudios bíblicos y conocer más de cerca la fe y la comunidad adventistas. No hay prisa ni obligación. La invitación es conocer a Jesús y crecer en su relación con él a su propio ritmo.

Cuando la persona desea confirmar públicamente su decisión, puede hacerse miembro mediante el bautismo o la profesión de fe. El bautismo, según el ejemplo del Nuevo Testamento, es una elección consciente de quien cree: "Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros" (Hechos 2:38). Es un paso de quien decide seguir a Jesús y formar parte de su familia de fe (Mateo 28:19, 20).

La Iglesia Adventista mantiene dos departamentos dedicados especialmente a ellos: el Ministerio Infantil y el Ministerio del Adolescente, que se enfocan en el cuidado espiritual, la enseñanza y el fortalecimiento de la fe de cada generación, siempre en colaboración con la familia. Cada sábado por la mañana, la Escuela Sabática, organizada en clases por edades, se concentra en el estudio de la Biblia, las relaciones y la realización de actividades adecuadas para cada edad. Esto está en armonía con el consejo de "instruir al niño en su camino" (Proverbios 22:6).

También hay clubes y proyectos que unen fe, convivencia y servicio. Los clubes de Aventureros, para niños de 6 a 9 años, y de Conquistadores, para preadolescentes y adolescentes de 10 a 15 años, promueven valores cristianos, vida al aire libre y trabajo en equipo; la Escuela Cristiana de Vacaciones lleva aprendizaje bíblico y juegos a los niños de la comunidad; e iniciativas como Misión Caleb movilizan a adolescentes y jóvenes para el servicio misionero y social.

No existe una exigencia específica de vestimenta para quien desea visitar un templo adventista. Lo más importante es participar y sentirse a gusto. Muchos optan por ropa discreta y adecuada para el ambiente de culto, con un espíritu de sencillez y respeto, pero esta es una elección personal y no un requisito para entrar. La invitación es venir tal como usted es y disfrutar de un tiempo de comunión con Dios y con la comunidad.

Usted puede localizar la congregación adventista más cercana por medio de la herramienta oficial de la Iglesia,Encuentre una Iglesia, disponible en encuentreunaiglesia.com. Con unos pocos clics, podrá conocer direcciones, horarios de culto y formas de contacto en su región.

Más que una dirección, cada iglesia es un lugar de contención, donde usted puede conocer personas, aclarar dudas y crecer en la fe. Como dice el salmista: "Yo me alegré con los que me decían: ¡A la casa de Jehová iremos!" (Salmo 122:1). Y esta invitación continúa abierta para todos.

SOBRE LAS CREENCIAS DISTINTIVAS

Sí. La segunda venida de Cristo es una de las creencias centrales de la Iglesia Adventista, tanto que la propia palabra "adventista" remite al "advenimiento", es decir, al regreso de Jesús. Esta es la gran esperanza de la Iglesia para el futuro, descrita por la Biblia como "la esperanza bienaventurada" del cristiano (Tito 2:13). El propio Jesús prometió: "Vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también estéis" (Juan 14:3).

Este regreso será real, visible y glorioso, y no un acontecimiento secreto o simbólico. La Biblia afirma: "He aquí que viene con las nubes: Todo ojo lo verá" (Apocalipsis 1:7), y los ángeles aseguraron a los discípulos que "este mismo Jesús [...] así vendrá como lo habéis visto ir al cielo" (Hechos 1:11). Para el adventista, esta promesa es la fuente de esperanza que da sentido y dirección a la vida hoy.

La Iglesia Adventista bautiza solamente a personas que ya tienen la edad y la madurez suficientes para comprender su decisión y profesar su propia fe. Esto se basa en el modelo bíblico, en el que el bautismo sigue a una decisión consciente: "El que crea y sea bautizado, será salvo" (Marcos 16:16). En el relato del bautismo de un funcionario etíope, la condición era precisamente esta: "Si crees de todo corazón, bien puedes" (Hechos 8:37).

Por esta razón, los adventistas bautizan por inmersión, así como Jesús fue bautizado, entendiendo que este acto representa una nueva vida en Cristo: la muerte del antiguo modo de vivir y el nacimiento de una nueva experiencia (Romanos 6:3, 4). Los niños, a su vez, son presentados y bendecidos en la iglesia, y pueden elegir el bautismo más adelante, cuando tomen esta decisión por sí mismos.

La muerte es descrita en la Biblia como un estado de descanso, semejante a un sueño profundo y sin conciencia, que se prolonga hasta el momento de la resurrección. Las Escrituras afirman que "los muertos nada saben" (Eclesiastés 9:5) y que, cuando una persona muere, "en ese mismo día perecen sus pensamientos" (Salmo 146:4).

El propio Jesús usó esta imagen al hablar de un amigo que había muerto: "Nuestro amigo Lázaro duerme" (Juan 11:11). Por lo tanto, la gran esperanza cristiana no está en una vida inmediata después de la muerte, sino en la resurrección que ocurrirá cuando Jesús regrese, cuando "los muertos en Cristo resucitarán" (1 Tesalonicenses 4:16). Esta comprensión brinda consuelo y elimina el miedo a la muerte, al presentarla como un sueño tranquilo hasta el reencuentro con el Señor.

Dios tiene hijos sinceros en diferentes pueblos, culturas y denominaciones, y la salvación se ofrece a todos los que aceptan a Jesucristo. Él mismo afirmó: "Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil" (Juan 10:16), mostrando que su amor llega mucho más allá de las fronteras de cualquier grupo.

La Biblia enseña que "Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que lo teme y hace justicia" (Hechos 10:34, 35). El cielo, según Apocalipsis, estará habitado por "una gran multitud [...] de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas" (Apocalipsis 7:9), y la invitación continúa abierta para cada persona.

¿Le quedó alguna duda o quiere conocer una comunidad adventista cerca de usted?