Espíritu de Profecía

Sábado del Espíritu de Profecía

Programa Sugerente

19 de Octubre de 2019

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Verse 1:
1
Dadme la Biblia, reluciente estrella,
norte del nauta en tormentoso mar;
nunca el nublado esconderá su brillo,
pues las tinieblas puede disipar.
Coro
Dadme la Biblia, santa y clara nueva,
luz del camino angosto y celestial;
regla y promesa, ley y amor unidos
hasta que rompa el alba eternal.
2
Dadme la Biblia, en mi desaliento,
cuando el pecado cáuseme temor;
dadme los fieles dichos del Maestro;
siempre me encuentre junto al Salvador.
3
Dadme la Biblia, antorcha a mis pisadas
en la insegura senda terrenal;
única luz constante en las tinieblas;
prenda de paz y amparo celestial.
4
Dadme la Biblia, luz de vida eterna;
junto al sepulcro su esplendor alzad;
sobre el Jordán destáquense las puertas
fúlgidas de la célica ciudad.
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Letra: Priscilla J. Owens. Vers. esp: Edgar L. Maxwell
Música: Edmund S. Lorenz

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El dinero perdido
¿Quién sabe lo que es un profeta? (Espere las respuestas). Profeta es la persona que nos ayuda a entender a Jesús. A veces Dios da mensajes especiales a los profetas. A veces, les revela secretos a los profetas que ningún otro ser humano conoce.
Dios llamó a Elena de White para que fuera su mensajera, o profetisa, cuando tenía solo 17 años. Los siguientes setenta años ella dedicó su vida a revelar la verdad sobre Jesús.
Hace muchos, muchos años atrás, un invierno, Elena de White y su marido Jaime White vivían en Oswego, Nueva York. El pastor White y ella estaban realizando reuniones y presentando estudios bíblicos, especialmente sobre la verdad del sábado. Nuestros pioneros llamaban a esa predicación el mensaje del tercer ángel; y nosotros, con frecuencia, todavía hoy lo llamamos así. El pastor White ese invierno publicó el primer folleto adventista y lo llamó: La verdad presente.
Algunas personas de otras denominaciones en la ciudad se sintieron molestas con esos mensajes bíblicos. Entonces, junto con un hombre de negocios sincero que las lideraba, realizaron reuniones de reavivamiento, con la esperanza de impedir que la gente fuera a las reuniones de los adventistas. Ese hombre, a quien llamaremos el Sr. M era el tesorero de municipio. La mayoría de las personas estaba muy impresionada con las reuniones del Sr. M. Pero algunos se quedaron confundidos. No sabían quién estaba en lo correcto, si ese hombre que destacaba la observancia del domingo como día sagrado, o el pastor White, el joven y pobre ministro que recién se había mudado a Oswego y que vivía en una casa alquilada y con muebles prestados.
El Sr. M era un hombre importante en la ciudad. Él decía que el sábado no tenía importancia. El Sr. Hiram Patch y una delicada joven con quien estaba por casarse estaban especialmente preocupados. ¿Cómo podrían saber quién estaba en lo correcto? ¿Quién decía la verdad? El Sr. M parecía ser muy sincero. No obstante los White tenían pruebas bíblicas para la verdad del sábado y el mensaje del tercer ángel. En esa época, Elena White tuvo una visión de Dios en la cual se le mostraba el verdadero carácter del Sr. M: ¡Él era deshonesto! El ángel le dio instrucciones de decirle al Sr. Patch. “Espere un mes, y usted sabrá por sí mismo el carácter de la persona que está conduciendo el reavivamiento y que pretende tener un interés tan grande por los pecadores”. Cuando la Sra. White dijo esto al Sr. Patch, él respondió: “Está bien voy a esperar”.
Cerca de dos semanas después, el Sr. M estaba predicando en voz alta y sinceramente a los pecadores en su reunión de reavivamiento cuando se le rompió un vaso sanguíneo en el estómago e inmediatamente fue llevado a su casa con mucho dolor. Así, otras personas tuvieron que asumir su trabajo como tesorero en el tribunal distrital y descubrieron un déficit en los fondos del municipio. Faltaba mucho dinero. El jefe de la policía y un ayudante fueron enviados a la casa del tesorero a preguntarle sobre el dinero que faltaba. El policía fue por la puerta del frente, y su ayudante por la puerta del fondo. El jefe de policía encontró al Sr. M en la cama y este le dijo que no sabía nada de ese dinero. En ese momento, el ayudante del apareció, venía del fondo con la Sra. M y con una bolsa de dinero en las manos. Entró en la casa exactamente en el momento en que el tesorero juraba por Dios que no había tomado el dinero. El ayudante sostuvo la bolsa con el dinero y preguntó: “¿Qué es esto?” Mientras el ayudante se quedó afuera, y el jefe de policía entraba por la puerta del frente, había visto a la Sra. M salir por la puerta del fondo con la bolsa y esconderla con rapidez detrás de un montículo de nieve. Al dirigirse nuevamente a la casa, ella vio al ayudante del jefe de policía, quien la había estado observando. Ese muchacho la llevó de vuelta hasta el lugar para buscar la bolsa. Como imaginaba, allí estaba el dinero. El tesorero fue llevado preso. Las reuniones de reavivamiento terminaron. El pueblo de la ciudad estaba sorprendido y consternado. Ahora el Sr. Patch pudo tener la seguridad de quién era honesto. Él y su novia se casaron poco después y aceptaron plenamente el mensaje del tercer ángel, se unieron a los adventistas guardadores del sábado y fueron miembros muy fieles. Al revelarle los secretos sobre el futuro a Elena de White, Dios ayudó al Sr. Patch a creer que los adventistas realmente confiaban en Dios y estaban predicando su verdad. Los profetas de Dios también nos ayudarán a confiar en Dios y a obedecer.
Adaptada de: “The County Treasurer and the Missing Money,” de Arthur L. White, en Campfire Junior Stories from the Days of the S. D. A. Pioneers (Silver Spring, Maryland: Ellen G. White Estate, General Conference of Seventh-day Adventists, 1963), p. 43, 44
. Esta historia fue presentada anteriormente en la sección Historia infantil del Día del Espíritu de Profecía de 2005. 

(PDF Version)
Con seguridad

Por Ivan Leigh Warden, Director Asociado Jubilado, Ellen G. White Estate
[Nota: Los textos bíblicos fueron extraídos de la Versión King James Actualizada. En español se usó la Versión Reina Valera Revisada 1960] “Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amos 3:7).

Introducción
¡Qué versículo poderoso! ¡Qué seguridad para mañana y para el día siguiente! ¡Qué retrato amoroso y atento de nuestro Señor Dios! No necesitamos responder a cuestionarios, hacer pruebas o actividades sorpresa. El Señor Dios nos informa, nos habla, comparte con nosotros los eventos que ocurrirán y afectarán nuestra vida. “Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”.
¿Por qué Dios hace eso? Porque nos ama. Su amor lo lleva a traspasar la barrera del pecado al usar a sus profetas, personas como nosotros. A través de ellos, nos llama al arrepentimiento de nuestros pecados y nos dice lo que sucederá a fin de que estemos preparados. Los profetas están en una misión de amor del propio Padre. Su propósito es hacer que el mayor número posible de personas esté salvo en su reino. Y por eso él revela “su secreto a sus siervos los profetas”.
Hoy, consideraremos como esto fue trabajado en los tiempos bíblicos y en adelante. I. A través de sus profetas Dios advirtió al antiguo Israel y otras naciones con respecto a los peligros e intentó atraerlos a sí. Amós empieza con una advertencia del castigo venidero a las naciones vecinas de Israel y Judá por sus pecados. Pero el mensaje de Amós después se vuelve contra Judá, y entonces, a su principal preocupación, el reino del norte, Israel. La lectura atenta de Amós revela los pecados del pueblo: orgullo, egoísmo y opresión, para mencionar algunos, que eran notorios en los reinos del norte y del sur. La situación era peor en Israel, debido a la adoración al becerro instituida por su primer rey, Jeroboam I (ver 1 Reyes 12:25-33). Dios envió a Amós y Oseas para profetizar especialmente contra el reino del norte; pero Amós da más atención a los detalles y a las circunstancias de los pecados del pueblo que Oseas. Gráficamente, revela las transgresiones en los eventos de la vida diaria de las personas. Ninguna práctica maligna parece haber escapado de su atención. Él consideraba que su deber era advertir a Israel, a Judá y también a las naciones vecinas sobre los juicios divinos que ciertamente vendrían sobre ellos si persistían en el pecado. Amós cierra su libro con un retrato glorioso del triunfo final de la justicia sobre la iniquidad.
Por favor, noten un modelo: Dios es amor. Él nos da la oportunidad de confesar y abandonar nuestros pecados. Amós 5:4, 6 dice: “Pero así dice Jehová a la casa de Israel: Buscadme, y viviréis; [...] Buscad a Jehová, y vivid; no sea que acometa como fuego a la casa de José y la consuma [...]”. En su amor, Dios da sus advertencias a fin de que las personas puedan venir a él y vivir. Ezequiel 33:1, dice: “[...] Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?” Aun con sus mensajes más severos de advertencia, los profetas de Dios están dando mensajes de amor, con la esperanza de obtener arrepentimiento y salvación. Por eso él corre la cortina sobre el futuro y muestra cuál será el resultado si el pueblo no cambia. “Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amos 3:7).
Pero cuando Dios pronuncia un juicio venidero sobre una nación o pueblo, ¿ya es muy tarde para el arrepentimiento? La respuesta de amor de Dios es que él cambiará el resultado si ellos se arrepienten. Jeremías 18:7-10 presenta la palabra de Dios al respecto: “En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles, y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y para plantar. Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerle”. Elena de White escribió al respecto de ese principio “Debiera recordarse que las promesas y amenazas de Dios son igualmente condicionales” (Mensajes selectos, t.1, p.76).
Antes de destruir Nínive, Dios envió a Jonás para advertir al pueblo, dándoles la oportunidad de arrepentirse (Jonás 1:1, 2) “Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”. Aunque el mensaje de Jonás, según aparece en la Escritura, no mencione que Dios podría cambiar el resultado, el pueblo se volvió a Dios y él no permitió la catástrofe (Jonás 3:5-10). Dios da la oportunidad de confesar y de abandonar nuestros pecados.
Es lo que Dios también estaba haciendo a través de Amós. Debido al formalismo religioso y a la degeneración moral de las personas, Dios ordenó a Amós que dijera al reino del norte que una calamidad era inminente. En el capítulo 7, Dios se apareció a Amós sobre un muro y con una plomada en su mano (versículos 7, 8). Los constructores de la época usaban una cuerda con un peso en la punta para saber si la pared estaba recta o inclinada. Ahora Dios estaba examinando a Israel. Amós apeló el arrepentimiento y cambio de comportamiento. El pueblo no debe confiar en las ofrendas ni en los actos religiosos sin una completa reforma: “Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo” (Amós 5:24). Vemos así que, a través de sus profetas, Dios amorosamente advirtió a Israel y a las otras naciones sobre el peligro e intentó atraerlos a sí. Preste atención y verá que nuestro Dios siempre nos está cuidando, advirtiendo y atrayendo. “Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”. II. A través de sus profetas, Dios nos reveló con anticipación su acto redentor para atraernos a él: enviaría un Salvador para vivir y morir por nosotros. El primer indicio del plan de Dios vino a Adán y Eva, exactamente después de su pecado. Dios mismo le dijo a la serpiente: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15). Abraham, que en Génesis 20:7 se lo llama profeta, recibió la orden de ofrecer a su hijo Isaac como sacrificio (Génesis 22). Aunque en el último instante fue librado de la agonía de dar a su propio hijo, tuvo una vislumbre de lo que Dios haría después, cuando diera su a su único Hijo para morir en la cruz. Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto a fin de que todo aquel que mirara hacia ella con fe, fuera sanado de la mordida mortal de la serpiente (Números 21:6-9). Juan 3:14, 15 indica que era la prefiguración de la muerte de Jesús en la cruz por nosotros. Miqueas 5:2 dice que el venidero gobernante de Israel era “desde el principio, desde los días de la eternidad”, y sería de Belén. Daniel 9:24-27 predice cuándo aparecería el “Mesías Ungido” y cuándo “pasaría por la muerte”. Isaías 53 habló del siervo sufriente que llevaría los pecados del pueblo. El Salmo 22 describió algunos de los sufrimientos por los cuales Jesús pasaría en la cruz. Al acercarse el tiempo cuando Jesús haría su aparición, Dios suscitó un profeta, Juan el Bautista, para llamar al pueblo al arrepentimiento y proclamar de Jesús: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (Juan 1:29). Para los judíos que oyeron a Juan, el significado claro era que aquí estaba Aquel a quien representaban todos los corderos sacrificados, a lo largo de las eras. La sangre de Jesús sería derramada para reconciliar a los pecadores con Dios. Únicamente su muerte podría proveer el perdón de los pecados.
La muerte de Jesús en el Calvario fue la señal culminante del amor de Dios por nosotros. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Dios dio a su hijo para morir a fin de que pudiéramos tener la oportunidad de vivir con él por toda la eternidad en el hogar que él nos está preparando. ¡Qué podría ser una mayor prueba de su amor! Y siendo que él quería que recibiéramos a su Hijo y creyéramos en él, envió esos mensajes proféticos con mucha anticipación a fin de que pudiéramos reconocer al Salvador cuando viniera. “Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”. Pero ¿por qué Dios suscitó otro profeta, Juan el Bautista, que anunció la venida del Rey en ese entonces? El mayor evento de todos los tiempos no podría dejar de ser proclamado. Dios usaría una vez más a un profeta para llamar la atención del pueblo al “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. “Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”. Dios capacitó a Juan para que reconociera quién era realmente Jesús y para anunciar que Dios estaba cumpliendo sus profecías. Entonces, a través de sus profetas, Dios advirtió al antiguo Israel y a otras naciones del peligro que corrían e intentó atraerlos a sí. A través de sus profetas, Dios también nos contó, con anticipación, de su acto central para redimirnos y atraernos a él: enviaría a un Salvador para vivir y morir por nosotros. Aproximándonos ahora al tiempo cuando Jesús volverá, cuando Dios pondrá fin al problema del pecado en esta tierra, ¿cómo se aplica la afirmación de Amós? III. A través de sus profetas, Dios nos habló de su plan de eliminar el pecado y rescatar a su pueblo. La Biblia nos presenta profecías maravillosas sobre el regreso de Jesús. Daniel interpretó la última parte del sueño de Nabucodonosor donde una piedra alcanzaría la imagen de las naciones y las sustituiría: “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (Daniel 2:44). En el capítulo 7, Daniel nos dice que “uno como un hijo de hombre” recibe el reino y lo gobierna (v. 13, 14). Malaquías 4 señala el día cuando los pecadores serán destruidos, pero “nacerá el sol de justicia, y en sus alas traerá salvación” (v. 1-3). Cuando Jesús ascendió al Cielo, los ángeles proclamaron a los discípulos la maravillosa seguridad: “Este mismo Jesús [...] así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hech. 1:11). Pedro escribió sobre “el Día del Señor” y sobre esforzarse para que él nos encuentre “sin mancha e irreprensibles, en paz” (2 Pedro 3:12, 14). Pablo escribió que “con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo” (1 Tesalonicenses 4:16), resucitará a los muertos en Cristo y arrebatará en las nubes a sus seguidores que estén vivos en su venida. Naturalmente, Jesús mismo, el mayor de los profetas, nos dice: “Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3). Él habló de las señales de su venida, las que se encuentran en Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21. Esas incluirían señales en el sol, la luna y las estrellas, “y en la tierra angustia de las gentes” (Lucas 21:25). Jesús advirtió sobre el surgimiento de falsos cristos y de falsos profetas que engañarían a muchos (Mateo 24:24). Él no advirtió a sus seguidores contra recibir a Cristo, pues el verdadero Cristo, vendría. Sino que, advirtió contra recibir a falsos cristos. Tampoco advirtió contra recibir cualquier profeta, sino contra recibir a falsos profetas que serían reconocidos por sus frutos (Mateo 7:15, 16). El profeta Joel había predicho que en los días que antecederían al “el día grande y espantoso de Jehová” (Joel 2:31), cuando ciertas señales ocurrirán en los cielos (oscurecimiento del sol y la luna se tornará en sangre), también se debería esperar el surgimiento del don profético. Y, en Apocalipsis 12:17 y 19:10, Juan posteriormente profetizó sobre el remanente del verdadero pueblo de Dios, en los últimos días: “los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo”, que es el “espíritu de profecía”, el Espíritu Santo traerá el don profético nuevamente al pueblo de Dios. “Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”. Dios tendría nuevamente una voz profética como preparación para el mayor evento de todas las épocas: el regreso de Jesús. Esa voz ayudaría a guiar al pueblo de Dios a través de los días engañosos del tiempo del fin para su propia salvación, y los ayudaría a ver como Dios desea que lo cuenten a otros y los traigan a él también. Así como Juan el Bautista ayudó a preparar al pueblo para la primera venida de Jesús, de la misma forma Dios usaría el don de profecía para ayudar a preparar al pueblo para la segunda venida de Jesús. Los adventistas del séptimo día creen que Elena de White manifestó ese don de profecía. Su ministerio profético vino en el tiempo señalado, en la progresión de los eventos, de acuerdo con las Escrituras. Sus mensajes nos ayudarán a unificar las doctrinas bíblicas correctas. Ella señaló los males que necesitan ser corregidos. Dios le dio instrucción en cuanto a la organización de la iglesia, sobre salud, publicaciones, educación y muchos otros tópicos que han ayudado a hacer nuestra vida cristiana vibrante, nuestra iglesia fuerte, y nuestra acción misionera eficaz. Sobre todo, ella nos señala el pronto regreso de nuestro Salvador y Redentor, instándonos no solo a ser diligentes para que nos encuentre en paz (Ver 2 Ped. 3:14), sino también para usar el tiempo remanente para traer el mayor número posible de personas al conocimiento de Jesús y a honrarlo en su obediente adoración en la vida diaria. Dios lo ha usado para ayudarnos a estar preparados para lo que vendrá. “Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”. La venida de Jesús en gloria será el mayor tiempo de crisis para todo el mundo. Los que no hicieron de él su Salvador serán destruidos. Hubo otro tiempo cuando todo el mundo enfrentó una crisis así. El registro bíblico, en Génesis 6 dice que el pecado había alcanzado un nivel tal que Dios determinó la destrucción de la tierra. Mientras tanto, el versículo 8 dice: “Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová”. Dios llamó a Noé para que sea mensajero y para construir el arca. Por 120 años Dios reveló a través de su representante Noé lo que sucedería. Elena de White nos presenta algunas perspectivas con relación a aquellos días: 1. “El pecado de los antediluvianos consistió en pervertir lo que en sí mismo era lícito. Corrompieron los dones de Dios al usarlos para satisfacer sus deseos egoístas...” (Dios nos cuida, p. 106). “La complacencia del apetito y las bajas pasiones hizo que sus pensamientos fueran completamente corruptos. Los antediluvianos eran esclavos de Satanás: guiados y controlados por él” (Comentario Bíblico Adventista, t. 1, p. 1104). 2. “Los habitantes del mundo de Noé fueron destruidos porque se corrompieron debido a la complacencia del apetito pervertido” (ibid.). 3. “Rindieroncultoalacomplacenciaegoísta,comiendo,bebiendo, divirtiéndose, y recurrían a actos de violencia y crimen si se coartaban sus deseos y pasiones. 4. “EnlosdíasdeNoé,laabrumadoramayoríaseoponíaalaverdad y estaba prendada de una trama de falsedades. La tierra estaba llena de violencia. Guerra, crimen, asesinato estaban a la orden del día. 5. “Así también será antes de la segunda venida de Cristo” (ibid.). 6. “Algunos estaban profundamente convencidos, y hubieran atendido la amonestación; pero eran tantos los que se mofaban y los ridiculizaban, que terminaron por participar del mismo espíritu, resistieron a las invitaciones de la misericordia” (Patriarcas y profetas, p. 82). 7. “Durante ciento veinte años, Noé proclamó el mensaje de advertencia al mundo antediluviano, pero muy pocos se arrepintieron. Algunos de los carpinteros que ayudaron en la construcción del arca creyeron en el mensaje, pero murieron antes del Diluvio; otros convertidos de Noé apostataron” (Fundamentos da Educação Cristã, p. 504) [Traducción libre]. 8. “Dios les concedió ciento veinte años de prueba; y durante ese período oyeron la predicación de Matusalén, de Noé y de muchos otros de sus siervos. Si hubieran escuchado a esos testigos fieles, se hubieran arrepentido y sido leales, Dios no los habría destruido” (Review and Herald, 23 de abril de 1901). [Traducción libre.] Las características de los días de Noé se encuentran en gran parte entre nosotros hoy. “Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:37-39). A través de la Biblia y del don de profecía, Dios continúa revelando sus secretos sobre todas las cosas que nos impedirán arrepentirnos y hacer su voluntad. Al ir a decirle al mundo que Jesús vendrá otra vez, actuamos sabiendo que Dios está con nosotros. Dios es eterno, él siempre fue y siempre será. No hubo tiempo cuando no existía y no habrá tiempo cuando deje de existir. David nos recuerda. “Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios” (Salmo 90:2). Dios es santo. Isaías 6:3 nos dice: “Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria”. Piense conmigo: Dios, quien no cambia, es confiable, infinito, justo, omnipotente, omnipresente y omnisciente, y con seguridad “no hará nada el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”.

Resumen y llamado
Con seguridad: La condición de estar seguro. A) conocimiento seguro; convicción; b) confianza en una conducta o comportamiento; concreción de un proyecto: garantía; fundamento de la confianza. Del Génesis al Apocalipsis vemos que Dios advirtió al pueblo y a la nación. Pero antes de la destrucción, les dio oportunidad de arrepentimiento. Hoy, en nuestro mundo contemporáneo, todavía nos habla a través de la Biblia y del Espíritu de Profecía. Nosotros, que respondemos a su invitación de enseñar, predicar y contar a nuestras comunidades sobre su segunda venida, podemos proclamar con pasión y esperanza la seguridad de su regreso. Las personas necesitan saber, su derecho es saber. Hay personas a nuestro alrededor que no comprenden claramente los tiempos en que vivimos. Necesitan tener una palabra segura del Señor. “Con seguridad”, lo necesitan. Necesitan conocer sobre un Dios amoroso y cuidadoso que desea que estén listas para la prueba final. ¿Usted está dispuesto a ir y contarle al mundo? ¿Se consagrará a Jesús y permitirá que el Espíritu Santo dirija su vida en la testificación? Vaya y háblele a su familia, a los vecinos y a todos en todas partes. Dígales que no desistan, que no se desesperen. Dígales que Dios puede salvarlos de sus dudas, temores, de quedar separados de él eternamente. Dígales que vayan a Dios, porque Dios está yendo hacia ellos. Dígales que pueden recibir ayuda en su jornada, porque Dios no se olvidó de ellos. Dígales: “Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”.
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Verse 1:

Grato es contar la Historia 

1 Grato es contar la historia de celestial favor,
de Cristo y de su gloria, de Cristo y de su amor.
Me agrada referirla, pues sé que es la verdad;
y nada satisface cual ella mi ansiedad.
Coro
¡Cuán bella es esta historia! Mi tema allá en la gloria
será ensalzar la historia de Cristo y de su amor.
2
Grato es contar la historia más bella que escuché,
más áurea, más hermosa que cuanto yo soñé.
Contarla siempre anhelo, pues hay quien nunca oyó
que, para redimirle, el buen Jesús murió.
3
Grato es contar la historia que placentera es
y es más, al repetirla, preciosa cada vez.
La historia, pues, que canto, oíd con atención,
porque es mensaje santo de eterna salvación.
4
Grato es contar la historia de todas la mejor,
que cuanto más se escucha, infunde más amor.
Y cuando allá en la gloria entone mi cantar,
será la misma historia que tanto supe amar.
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Letra: A. Katherine Hankey. Vers. esp: Juan B. Cabrera
Música: William G. Fischer

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