Fiel, no perfecta

Al comenzar la vida en el ministerio, pueden llegar muchas expectativas. Algunas vienen de otras personas; otras, de nosotras mismas. Queremos acompañar bien, servir con amor y estar disponibles. Sin darnos cuenta, podemos empezar a creer que también debemos hacerlo todo perfectamente.

Ruth Ester Moreno Leyva, de Villa Chullunquiani, comparte un consejo para las esposas de pastor que están comenzando:

“Mi consejo sería que no intente ser perfecta, sino fiel a Dios. Que su identidad no esté en lo que otros esperan de ella, sino en su relación personal con el Señor. Servir con amor, pero también cuidar su salud emocional, su familia y su tiempo con Dios. Una esposa de pastor no solo acompaña un ministerio, también tiene un propósito propio dado por Dios.”

Su mensaje nos invita a mirar dónde estamos afirmando nuestra identidad. Las expectativas pueden cambiar de un distrito a otro, pero nuestra relación con Dios sigue siendo el lugar al que podemos volver. Jesús lo expresó con una imagen sencilla: «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos» (Juan 15:5). Permanecer en Él viene antes que intentar dar fruto por nuestras propias fuerzas.

Servir con amor también incluye reconocer nuestros límites. Cuidar la salud emocional, dedicar tiempo a la familia y cultivar la comunión personal con Dios son partes valiosas de la vida que Él nos ha confiado.

Si estás comenzando esta caminata, date tiempo para aprender. Acompaña a tu esposo, descubre cómo puedes servir con los dones que Dios te dio y recuerda: tu valor no depende de cumplir todas las expectativas. Hoy puedes dar un paso fiel, permanecer en Cristo y confiarle a Él lo que aún estás aprendiendo.