Los problemas de salud mental afectan a una gran parte de la población, incluso a quienes forman parte de comunidades de fe. Para enfrentar esta realidad que tanto aflige a nuestra sociedad, necesitamos buscar maneras de mantener nuestra salud mental en buenas condiciones.

¿QUÉ ES LA SALUD MENTAL?
La salud mental abarca nuestro bienestar emocional, psicológico y social. Influye en nuestra manera de pensar, sentir y actuar. También determina cómo enfrentamos el estrés, nos relacionamos con los demás y tomamos decisiones.¹ Tener una buena salud mental es tan importante como tener un cuerpo saludable. Sin embargo, la Biblia va aún más allá. En 3 Juan 1:2 leemos: “Amado, deseo que prosperes en todo y que tengas buena salud, así como prospera tu alma”.² Es importante comprender que la salud física, mental y espiritual están relacionadas entre sí.
Una manera sencilla de evaluar el bienestar emocional y mental es imaginar una línea recta con una escala que va desde lo negativo —la depresión— en un extremo, hasta lo positivo —la alegría— en el otro. Esta escala representa lo que las personas piensan y sienten acerca de su propia vida. Esta percepción puede estar basada en la calidad de sus relaciones, sus emociones positivas, su capacidad para superar las dificultades, el desarrollo de su potencial, su sentido de realización, las bendiciones recibidas, su satisfacción general con la vida o incluso su sentido de realización en el ministerio. En conjunto, estos aspectos forman una evaluación global del grado de satisfacción con la vida.
La mayoría de las personas se identifica con algún punto intermedio de esta escala, lo que indica cierto equilibrio mental. En los días difíciles, podemos inclinarnos hacia el lado negativo; en los días buenos, nos acercamos más a la alegría. Sin embargo, quienes han aprendido a confiar en Dios suelen inclinarse más hacia la alegría y presentan una percepción general de la vida por encima del promedio.
Por otro lado, las personas que enfrentan dificultades mentales con frecuencia se encuentran más cerca del lado negativo de la escala. Esto puede hacer que se sientan desequilibradas, deprimidas y sin esperanza. Para desarrollarnos plenamente, necesitamos encontrar sentido y propósito en la vida. Cuando nuestra mente se alimenta continuamente de circunstancias desfavorables, nuestro cuerpo y nuestro espíritu también se ven afectados negativamente.
Los desafíos relacionados con la salud mental pueden afectar a personas de cualquier edad. Se estima que el 10% de los niños y jóvenes presenta alguna condición de salud mental que puede ser diagnosticada.³ Sin embargo, se cree que actualmente esta cifra es mucho mayor debido a diversos factores ocurridos en los últimos años, entre ellos la pandemia.
Aun así, algunos de los principales factores de riesgo son los antecedentes familiares de trastornos mentales y las experiencias de vida marcadas por el abuso, el rechazo o la exposición a acontecimientos traumáticos. El consumo abusivo de sustancias también es un factor importante en el desarrollo de problemas mentales.
El deterioro de la salud mental generalmente puede percibirse por medio de cambios en la manera de pensar, sentir y actuar. Las personas que enfrentan problemas emocionales o mentales pueden desarrollar una visión muy negativa de la vida. Es posible que lloren con facilidad, se preocupen demasiado, sientan miedo y desarrollen ansiedad con frecuencia. También pueden pasar noches sin dormir o perder el apetito.
Algunas comienzan a aislarse y dejan de sentirse motivadas por actividades que antes les apasionaban. Otras pueden retroceder y volver a presentar comportamientos inmaduros.⁴
LA RELACIÓN CON LA SALUD ESPIRITUAL
La salud mental está relacionada con la salud espiritual, pues los pensamientos perturbadores muchas veces pueden ser alimentados por la falta de perdón, el odio, los rencores, el resentimiento, la amargura, una actitud de duda y un espíritu equivocado.
Según Elena de White, la salud mental consiste en tener “claridad mental, nervios tranquilos y un espíritu sereno y pacífico, semejante al de Jesús”.⁵ Ella afirmó que los problemas mentales pueden llegar a ser como una enfermedad que se desarrolla a medida que la mente cede continuamente a las sugerencias del enemigo y crea hábitos de pensamientos negativos.
Satanás emplea todos sus esfuerzos para dominar nuestra mente y esclavizarnos por medio de la negatividad. La Biblia nos advierte en 1 Juan 4:1: “Amados, no crean a todo espíritu, sino prueben los espíritus para ver si proceden de Dios, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo”.
Como padre de la mentira, Satanás hará todo lo posible para destruir la paz de los hijos de Dios y disminuir nuestra alegría en Cristo. Todo esfuerzo por restaurar y proteger nuestra salud mental únicamente con nuestras propias fuerzas resulta insuficiente, pues solo el Espíritu de Dios puede vencer los malos pensamientos, “purificar las fuentes de la vida” y transformar nuestra vida “del pecado a la santidad”.⁶
A continuación, presentamos algunas sugerencias para promover una buena salud mental en el hogar:
- Construyan relaciones familiares sólidas, amorosas y afectuosas.
- Sean ejemplo de una actitud positiva y desarrollen un espíritu resiliente en medio de las pruebas.
- Ayúdense unos a otros a desarrollar una autoestima saludable. Cuando nuestra percepción de nosotros mismos es equilibrada, el bienestar emocional se fortalece y resulta más fácil resistir la negatividad.
- Demuestren un interés genuino por los demás. De esta manera, los miembros de la familia se sentirán apoyados y valorados.
- Enseñen a los niños a enfrentar las frustraciones de una manera saludable. La vida no siempre transcurre por aguas tranquilas; existen tormentas y olas que debemos enfrentar. Los niños necesitan aprender a comprender esas dificultades como parte de la vida y a seguir adelante.
- Sean atentos y respetuosos, y escuchen los sentimientos de los demás. Practiquen una comunicación eficaz: escuchen sin juzgar y sin ideas preconcebidas.
- Creen un ambiente familiar seguro y positivo. Protejan a los niños con respecto al uso de los medios de comunicación. Los propios padres deben limitar el tiempo frente a las pantallas y dedicar momentos de calidad a la familia. Incluyan actividades al aire libre y tengan cuidado al conversar sobre problemas familiares serios delante de los niños.
- Sean un ejemplo en el cuidado de su propia salud mental. Practiquen el dominio propio en todos los aspectos de la vida. Esto comienza con el cuidado y el control de nuestra manera de pensar. En 2 Timoteo 1:7 leemos: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.
- Eviten adoptar y compartir ideas políticas polarizadas, opiniones racistas o discriminatorias y prejuicios.
- Disciplinen a los niños y jóvenes de manera equilibrada. Elena de White escribió: “Tanto la indulgencia excesiva como la severidad indebida deben evitarse. Aunque la vigilancia y la firmeza son indispensables, también lo son la comprensión y la ternura. Padres, recuerden que están tratando con niños que luchan contra la tentación y que, para ellos, es tan difícil resistir las sugerencias del mal como para los adultos resistir las tentaciones que los asaltan. Los niños que realmente desean hacer lo correcto pueden fracasar repetidas veces y, cada vez, necesitan ser animados a actuar con energía y perseverancia. Observen el desarrollo de esas jóvenes mentes con cuidado y oración. Fortalezcan cada buen impulso e incentiven toda actitud noble”.⁷
- En situaciones difíciles, ayuden a los niños y jóvenes a encontrar soluciones para sus problemas.
- Hagan del tiempo con Dios una prioridad para toda la familia. Enseñen las verdades de la Biblia, compartan las promesas registradas en la Palabra de Dios y lean juntos el Espíritu de Profecía.
CONCLUSIÓN
Marcos 4:35-41 nos presenta un aspecto muy importante de la vida cristiana. Mientras los discípulos estaban aterrorizados por una violenta tormenta, por las olas amenazantes y por la fuerza implacable de los vientos, Jesús dormía tranquilamente.
Desde la perspectiva de la salud mental, este episodio nos ayuda a comprender que no sirve de nada vivir dominados por la ansiedad ante circunstancias que no podemos controlar. Podemos permanecer tranquilos y confiar en Dios.
Necesitamos tener plena conciencia de la presencia de Dios y de su gran poder sobre nuestra vida. Necesitamos mirar a través de los ojos de la fe y descansar en la certeza de su dirección y protección. Debemos mantener nuestros ojos continuamente puestos en Dios y decidir confiar siempre en Él. En cualquier situación, podemos actuar con serenidad, sabiduría y coherencia, manteniendo nuestra fe firmemente anclada en Dios.
Si deseamos cuidar nuestra salud mental, necesitamos dar prioridad a nuestra relación con Dios. Cuando la vida se vuelve difícil, Dios no siempre transforma de inmediato las circunstancias que enfrentamos. Sin embargo, permanece a nuestro lado y nos capacita para cultivar buenos pensamientos y preservar nuestra mente.
¹ “What Is Mental Health?”, SAMHSA. Disponible en: https://www.mentalhealth.gov/basics/what-is-mental-health. Consultado el 18 de diciembre de 2023.
² Salvo indicación contraria, los textos bíblicos fueron tomados de la English Standard Version (ESV).
³ “Children and Young People: Statistics”, Mental Health Foundation. Disponible en: https://www.mentalhealth.org.uk/mental-health-statistics/children-and-young-people. Consultado el 18 de diciembre de 2023.
⁴ “Warning Signs and Symptoms”, National Alliance on Mental Illness. Disponible en: https://www.nami.org/About-Mental-Illness/Warning-Signs-and-Symptoms. Consultado el 18 de diciembre de 2023.
⁵ Elena G. de White, Letters and Manuscripts, t. 4, carta 7, 1885, párrafo 11.
⁶ Elena G. de White, El camino a Cristo (Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1956), p. 18.
⁷ Elena G. de White, Conducción del niño (Washington, D.C.: Review and Herald Publishing Association, 1954), pp. 263, 264.
Orathai Chureson, Ph.D., es directora del Ministerio Infantil de la Asociación General.

